AL TRASLUZ
Escrito en elefante
Quería escribirles sobre si el humor tiene límites, pero he de dedicar la columna a un tema más sesudo e inaplazable. He visto un elefante en las inmediaciones de Botines. Pensé de primeras: «Estoy soñando, ahora aparecerán relojes blandos, ninfas desnudas y demás surrealismos». Me pellizqué y estaba despierto. Pensé después: «Ya han vuelto a dejarse la puerta abierta los del Museo de la Fauna». Y enseguida razoné: «No puede ser esa su procedencia, pues allí a todas las bestias les ha dado a la vez un paralís». Éste se movía y zampaba zanahorias. Me dije: «Lo mismo es de un concejal emergente, claro, como el nuevo alcalde de Valencia fue el primer día en bici al consistorio y fue un gran éxito mediático». Pero la respuesta a lo insólito suele ser siempre la más sencilla: anunciaba la llegada de Circus Kaos. Acabáramos, era un anuncio viviente. Al parecer, lo habitual es que de la publicidad circense se encargue el hombre bala, pero se pasó cien pueblos y debe de andar incrustado por ahí, en algún campanario en Asturias. Por cierto, existe una bellísima fotografía de 1915 en la que se ve a los astorganos mirar perplejos a un gran elefante de pega, realizado por la mujer del pintor Monteserín, sobre el que cabalgaba su hija Olga. Aquel disfraz andante iba saludando a los transeúntes, cómo para no asombrarse. El que vi en Botines era de verdad.
Hoy lo asombroso no es que pasees por tu ciudad y veas un paquidermo, sino que Errajón haya sido capaz de escribir en un reciente twitter esto: «La hegemonía se mueve en la tensión entre el núcleo irradiador y la seducción de los sectores aliados laterales». No sé ustedes, pero sólo he entendido las comillas. Lo mismo está escrito en elefante. Más que un diccionario exige una piedra de Rosetta.
Pues sí, quería haberles escrito acerca del humor y sus límites, pues sospecho que los tiene. Risas las hay de muchas clases y pelajes, pero el humor es mucho más que su resultado en los otros. Uno intuye que se rige por una proporción áurea, en la que la compasión es el quinto elemento. Pero se me metió por medio el mercedes de los animales. El león reina, el elefante gobierna. ¿Y el mono de Borneo? Ese ya, señora, se merece una columna para él solito.