La opinión del lector
Nos dejó Basílides
A penas hace un año que se nos fue Sagrario. Y ahora secunda la cita al encuentro con Dios, su buen esposo, rodeado de la familia y numerosos amigos. La muerte es nuestra fiel compañera del viaje por esta vida.
Hay santos y santas que viven entre nosotros de forma, humilde, sufrida, laboriosa y espiritual, sin apercibirnos de la grandeza bienhechora y pacificadora de estas almas sencillas, que caminan a nuestra vera. Se anda a veces sin rumbo cierto, olvidados de dar a nuestra vida el gran sentido que tiene; salir al paso de Cristo y su Evangelio.
Al dúo matrimonial; Sagrario y Basílides, amigos y familiares les debemos ahora ausentes la preocupación de esposos fieles, formadores de familia numerosa y servidores a la sociedad con su trabajo y el ejemplo heredado de sus padres, modelos en el esfuerzo personal por educarles, uno de los fines de su matrimonio vivido largos años, a la luz de la lealtad profesada en su día de amor y respeto mutuo en el dolor y el gozo con amor a Cristo y a la Iglesia.
Ochenta y cinco años, precioso don de Dios, aprovechados de tránsito feliz por el mundanal ruido que cantó el poeta, que rara vez exagera por el dominio que tiene de la palabra. La santidad no es propia de papas sólo.
Basílides, un amante de su profesión, humilde y tenaz trabajador en el Hostal San Marcos, colaborando además en otros órdenes a lo largo de su vida, piadoso y responsable con las obras de la iglesia; como ejemplo recordamos la adquisición de la imagen del Carmen para la parroquia del pueblo y la devoción que lleva consigo la Virgen marinera
La numerosa afluencia al tanatorio en jornada final de semana, habla por sí misma de la edificación recibida de su persona y la amistad agradecida durante su larga existencia El Evangelio esencial penetró vivamente en su vida con la puesta en práctica constante de las obras de misericordia: limosna, ayudas generosas de su persona en colaboraciones parroquiales y grupos de caridad, visita a enfermos y otros detalles significativos.
El contacto de su presencia se traducía siempre en un aumento de animación, de optimismo y mejora personal. Un matrimonio honrado de Basílides y Sagrario, para cuantos hemos tenido la suerte de pertenecer al mismo tronco familiar y cercanía bienhechora.
Dos grandes iconos vitales, desconocedores de la parafernalia predicada por el relativismo político de hoy día.