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PEDRO TRAPIELLO
León

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T rabajar como un negro para vivir como un... negro. En el caso de Daniel es pedalear y pedalear. Como un negro.

Para vivir como un blanco hay que desteñirse a lo Michael Jackson o no dar palo al agua, como hacen los griegos desde que murió Aristóteles (eso dice el escritor Eduardo Mendoza).

En el ciclismo de élite no se ven negros, son excepción, como en el ajedrez, no descollan (tampoco en esquí, natación, hípica, esgrima y tantos más). Pero Daniel Teklehaimanot es un enjuto eritreo que hace unos días se enfundó el maillot à pois (a lunares, a topos rojos) que distingue al líder de la montaña y que jamás en el Tour de ¡oh, la France! se había enfundado un negro. Toma.

Sorprende por lo inédito, aunque no por la fuerza física que se supone a los pueblos de esa zona africana (etíopes, kenianos, sudaneses), dueños históricos del atletismo de fondo y de maratones. Para el ciclismo se requiere también mucho fondo, por eso extraña que en la «serpiente multicolor» no se vea más gente negra de esos países, fibrosos, curtidos en soles y sofocos como el eritreo Daniel . ¿Por qué no han de lograr en bici lo que corriendo kilómetros en zapatillas o descalzos?... porque ahí, ni echándoles un galgo.

Pero primero habría que darles bicicletas, ¿no?... si las tuvieran no irían andando o corriendo a todo lugar, que por eso son tan buenos dándole alas al pie. No se ven muchas bicis en Eritrea; y «de carrera», ni preguntes.

Por aquí se preguntan, sin embargo, por qué los colombianos son tan buenos ciclistas y no los uruguayos o mejicanos... ¿será porque los pobres aspiran a una motocicleta, pero han de conformarse con una bici y, como todo aquello es un lío de montes y cuestas, se les hacen de metal las piernas?...

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Dales bicis a los guajes etíopes y verás dentro de unos años. El campeón Hinault dice que esos africanos acabarán siendo cantera de ciclistas como hoy lo son los colombianos. Pero sin bici sólo les queda seguir corriendo... y llegar a Libia donde pagarán una fortuna por un pasaje que les dejará muertos a sólo dos millas de Lampedusa, a la vista del gran sueño eritreo.