EDITORIAL: Universidad y educación, bajo la condena de la financiación
La Universidad de León está entre las últimas del país por la cuantía de recursos que dedica a actividades de investigación, medios materiales o ampliación y mejora de las infraestructuras en relación a sus inversiones reales. El último informe de la Fundación Compromiso y Desarrollo sitúa al centro académico leonés, con 558 euros por alumno y año, sólo por delante de la Universidad de Castilla-La Mancha, Rey Juan Carlos de Madrid, Jaume I de Castellón y la de La Rioja, cuyos gastos por alumno van de 211 a 500 euros, aunque muy lejos de la Politécnica de Valencia, con 2.890. Pero hay otro dato muy revelador, como que el gasto corriente por alumno es en la ULE de 5.000 euros frente a, por ejemplo, los 9.000 que administra la Universidad del País Vasco.
Esa situación es la consecuencia de que la Universidad de León sea la segunda institución académica española que menos transferencias recibe por estudiante, es decir, la cuantía que deben transferir las administraciones, principal fuente de ingresos de las universidades. Sólo la Rey Juan Carlos (2.075 euros por estudiante) está en este ránking por debajo de la ULE (4.392), a la que superan holgadamente Valladolid y Salamanca. Y, ya puestos en esa referencia autonómica, también las transferencias corrientes por alumno de la ULE (1.582 euros) están por debajo de la media de Castilla y León (1.848).
No es cuestión de juzgar esta situación particular por esas cifras, sino de poner de manifiesto una realidad y una enorme carencia. Es evidente que el modelo de financiación de las universidad es desequilibrado, injusto, escaso y además insostenible. Y mientras desde el poder político no se asuma eso como una responsabilidad será imposible avanzar. Si no se apuesta por la educación estaremos condenándonos al fracaso. Los países que lo hacen no sólo están ganando el presente, sino también el futuro.