SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS por ARTURO PEREIRA
La estrategia de la nada
L a aprobación de la Ley de Seguridad Nacional parece estar próxima. También parece que está consiguiendo mayor consenso que la Ley de Seguridad Ciudadana y el Código Penal que recientemente han entrado en vigor. Menos mal, ojalá sea el comienzo de consensos en materia de política de seguridad. El objetivo de una Ley de Seguridad Nacional es establecer los criterios básicos de la seguridad de un Estado. Define la política de seguridad, sus actores y sus objetivos. Es, en definitiva, un instrumento más para la seguridad y para garantizar la convivencia pacífica de los pueblos.
De lo hasta aquí dicho puede deducirse que la seguridad, nuestra seguridad, depende en gran medida de las normas que la regulan. Cierto, pero la seguridad de un Estado depende fundamentalmente de la voluntad de su pueblo y de sus valores. Quiero decir; de nada sirven todas las normas del mundo o conceptos estratégicos de defensa si no hay una firme voluntad de la sociedad que los considere necesarios para la defensa de sus valores y forma de vida.
Pongamos un ejemplo. La antigua Unión Soviética tenía el ejército más poderoso del mundo, una doctrina militar sofisticada y un presupuesto desorbitado en materia de defensa. De nada le sirvió todo ello porque la sociedad soviética perdió la fe en sus valores. Valores que se fundamentaban en unos principios económicos que colapsaron. Revueltas internas, guerras perdidas… La sociedad soviética vio como su todopoderoso ejército no era capaz de vencer en el plano geoestratégico a sus rivales.
Algo parecido está ocurriendo en los Estados Unidos. Cada vez son menos los que quieren ser militares profesionales. Esto es muy grave para un país que es la primera potencia mundial y que gran parte de su poderío se basa en su fuerza militar. Denota una falta de compromiso o identificación de sus ciudadanos con su República. Porque es necesario defender la República como ha quedado demostrado.
La amenaza principal a un Estado es interior, no exterior. Cuando los ciudadanos dejan de tener fe en sí mismos, cuando no hay una convicción absoluta de que la libertad no es gratis, se tiende a caer en el hedonismo social y considerar que los avances sociales y la paz no tiene un precio.
La sociedad española está cambiando. Al menos creo poder afirmar que hay indicios claros en aspectos tales como la idea de familia, religión y pautas de comportamiento. Todo es discutible pero hay datos que son incuestionables y preocupantes. Por ejemplo, las últimas encuestas afirman que los españoles son de los que menos frecuentemente hacen el amor. ¡Era lo que nos faltaba!
Una sociedad como la nuestra que siempre se ha caracterizado por una profunda afectividad y prestigio basado en la especie autóctona del machus ibericus , entendido en el sentido científico definido por el profesor Félix Rodríguez de la Fuente, se esta viendo relegada al ostracismo en el ranking internacional del deseo. Queda como consuelo la vieja guardia, tal y como demuestran también las estadísticas, al afirmar que España es uno de los países donde se consume más viagra.
Por este camino vamos mal. El pegamento de la cohesión social son los valores asumidos por los ciudadanos y su firme adhesión a los mismos. A ello se debe sumar el compromiso de su defensa por todos y cada uno de los individuos que forman parte del contrato social. Nada nuevo, no es original lo que estoy escribiendo.
Si se quiere destruir un Estado basta con corromper su sociedad, basta con promover la perdida de la esencia de sus valores tradicionales, basta con hacer perder la fe de los ciudadanos en sí mismos. Es suficiente con implementar la estrategia de que nada importa de verdad y que los valores pueden cambia según la conveniencia y oportunidad.
Frente a la estrategia de la nada sólo cabe la firmeza y coherencia aplomada en nuestras raíces, sin dogmatismos exacerbados, pero con la suficiente autoconfianza y falta de complejos tan inútiles como perjudiciales. No somos más que nadie pero tampoco menos, somos lo que somos y nadie nos ha regalado nada. Para bien o para mal tenemos un pasado que condiciona nuestro futuro. A pesar de ello, somos libres para escribir nuestro destino y si lo hacemos acompañados de fe en nosotros mismos y un fuerte compromiso social, a todos nos irá mejor.