Diario de León
Publicado por
ALFONSO GARCÍA
León

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E l León de antaño, con sus limitaciones pero con sus fortalezas, fue también un abigarrado mundo de mesones, tascas y tabernas. La vida no daba mucho de sí, pero el tejido que se creó en torno a vinos y pitanzas, boinas y sombreros en convivencia en bancadas y largas mesas de madera de la tierra sobre las que se deslizaban los campanos, generó una manera de ver el mundo, una identidad, una peculiar filosofía. Todo, o mucho, se amasaba y cocía entre los laberintos del vino, algunas raspas sabrosas o tortillas de patata y huevos caseros, como las ensaladas. Algunos bares llegaron a ser una prolongación de la familia, aunque a veces la familia —parienta o vástagos— se veía obligada a asomar por la puerta para recordar al jefe de la casa que la cena estaba ya muy fría. Pasada. Hasta se llevó a efecto en algunos tramos de esa historia el ejercicio comunitario de la solidaridad. Amores, retrancas, contubernios, historias y frases redondas, decisiones de alcance y menos, tertulias de diverso pelaje, trasiego de decisiones de notable calado, anécdotas sin fin nacidas al calor del clarete leonés… Una crónica, entre secreta y cachonda, que, firmada, por ejemplo, por el entrañable y singular Lamparilla, hubiese constituido un auténtico Libro de la Sabiduría Popular, la fluencia imprescindible de la condición humana. Aunque reciente, quede esta perla que aún permanecía escrita en pizarra o panza de bocoy: «El aloe vera es como los políticos. Cuanto más se investiga, más propiedades tiene». Una entre miles.

Uno de esos santuarios imprescindibles es Casa Benito. Casa y centenaria, dos condiciones que ahora se convierten ya en marca definitiva. De las que dejan huella. En la historia de la ciudad, que la de la letra cercana ya la han escrito durante este siglo, con el compromiso vivo de poner en marcha el siguiente. Y a lo largo de él, millones de personas se han constituido en actores de este rincón de la Plaza Mayor, entrañable y vecino de no pocas esencias del sentir colectivo. En una hipotética reunión con motivo de la efeméride, tendríamos la oportunidad de asistir a la forja de la historia humana del León más verdadero. No otra cosa, en definitiva, más que un símbolo del buen hacer. Nada mejor sabría decir de Casa Benito, en la que tantos invirtieron no pocas horas, sueños y esperanzas de juventud.

Casa Benito tiene también su propia dimensión literaria, dispersa por libros y revistas. Al bautismo de «santuario del vino y del mus» habría de añadirse «y de la palabra». No solo por haber sido el eje vertebrador de su historia, que es esencial y abundante la palabra en estos menesteres, sino porque Encuentros alrededor de un porrón de años —el programa con que están celebrando los primeros cien— gira en torno a ella. Palabra y Porrón. Esenciales. Palabra y arte. Palabra y vida. Una forma elegante de conmemorar un siglo de vida. Felicidades.

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