Justo homenaje a los mayores desde una realidad dolorosa
Conmemoramos hoy el Día del Abuelo y lo celebramos con el dolor de una realidad hiriente: uno de cada cuatro no puede hacer frente a los gastos más elementales (alimentación, luz, vivienda...), cuatro de cada diez cobran 600 euros o menos de pensión y el 30% de los que disfrutaban de sus últimos años de vida en una residencia tienen que abandonarla y volver a casa porque la familia no puede destinar su paga mensual a ese gasto al necesitarlo para mantener el hogar, haciéndose cargo de nuevo de su cuidado.
En contraposición, hay otra realidad más enternecedora: uno de cada cuatro abuelos españoles cuida de sus nietos y dedica a ellos siete horas diarias, dos más que la media europea. En buena parte se debe al importante aumento de la esperanza de vida: 83 años de media, 85,7 años en el caso de las mujeres y 80,2 años en el caso de los varones. Los abuelos cumplen un papel fundamental en la educación y el desarrollo personal de cualquier nieto. Pero esa relación también tiene que ser beneficiosa también para los abuelos. El problema es que la situación económica actual y las dificultades para conciliar la vida laboral y familiar de los padres deriva en una sobrecarga de trabajo y responsabilidad para ellos.
La crisis, que dio pie a las grandes reformas laborales que abarataron el coste de los despidos y laminaron los salarios, provocó un fenómeno inédito: cayeron tanto los ingresos de quienes conservan el empleo que alrededor del 25% de los pensionistas perciben más que la media del salario de quienes tienen trabajo. Así las cosas, en muchos hogares el único ingreso es la pensión de los abuelos. Y es que, sin duda alguna, la estructura familiar sustentada sobre esta penosa realidad es la que está posibilitando soportar las consecuencias devastadoras de una crisis económica que, desgraciada e injustamente, también ha castigado con especial dureza a nuestros mayores.