LA TRÉBEDE
Ayuntamientos y juntas vecinales
E l tiempo pasa tan deprisa que cuando nos paramos a meditar sobre el pasado nos gustaría volver sobre nuestros pasos para no repetir los mismos errores. Se cumple el refrán que dice «el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra».
Será error, interés, comodidad o será miedo a mover la mierda porque huele…
Durante la última legislatura se habló mucho sobre la concentración y fusión de ayuntamientos y sobre la desaparición de las juntas vecinales. Quienes son partidarios de la continuidad de las juntas jecinales alegaron que eran necesarias porque formaban parte de los usos y costumbres leonesas. Pocos fueron los que intentaron poner cordura a este desatino por lo que triunfaron los partidarios de su continuidad a pesar de constatar evidentes irregularidades.
Hemos perdido cuatro años en los que no se hicieron las reformas necesarias para que las administraciones se modernicen de acuerdo con las circunstancias. Si los leoneses mayores de 60 años repasamos los pueblos que hace 50 años tenían entre 10 y 500 vecinos observamos que hoy se han quedado en el 30% de sus convecinos, en el mejor de los casos, salvo contadas excepciones. Sin embargo mantienen la misma administración. Se ha marchado el cura, médico, maestro, etcétera, cuyos servicios se han concentrado en puntos estratégicos para hacer estos servicios viables. ¿Por qué no hacer lo mismo con los ayuntamientos?
Sin embargo no sólo no se fusionan ayuntamientos sino que se mantienen las juntas vecinales, un anacronismo, muy leonés, que algunos consideran un insulto a nuestro leonesismo el planteamiento de su desaparición.
Analizo las actividades de las juntas vecinales y no consigo encontrar una mínima actividad, que no pueda ser integrada en los servicios del ayuntamiento. Sólo hay una: las juntas vecinales son propietarias de terrenos (pastos, bosques, quiñones, etcétera), que autogestionan sin ningún criterio empresarial y en beneficio de una parte de los vecinos. Incluso hay juntas vecinales que manejan presupuestos superiores a los del mismo ayuntamiento: una vez más se demuestra que el que maneja el dinero tiene el poder.
Inversiones incontroladas, repartos de dinero y construcciones faraónicas con el único criterio de gastar los abultados saldos de la cuenta corriente. Todo con consentimiento tácito de las administraciones locales, provinciales y de la Junta. ¿Quién le pone el cascabel al gato?.
Es muy fácil imaginar las cantidades que ahorrarían los ayuntamientos si hacen su concentración y además absorben a las juntas vecinales dentro de una gestión común, con sentido de vecindad y democrática. ¿Cuánto pueden aumentar el gasto corriente en beneficio de los vecinos? Duplicamos las administraciones mientras disminuyen los vecinos, necesidades y responsabilidades. ¡Que no nos sobra el dinero!