CORNADA DE LOBO
No te rías
T odo el periodismo español (bueno, casi todo) apoya al periodista marroquí Alí Lmrabet desde hace muchos años porque cuando no le procesan, le enchironan en su país. Le viene la cosa ya desde Hassan.
Hace diez años le inhabilitaron para el olficio. Podría trabajar de diplomático (lo es de carrera), pero le arrinconaron tras denunciar corrupciones de su embajador. Podría trabajar de profesor (habla español con soltura cervantina y el francés como Giscard), pero le darían aula en alguna perdida aldea tuareg. Y como también es escritor, pues con eso va rompiendo su aislamiento legal y el acoso político, pero sólo publica en el extranjero.
El plazo de inhabilitación como periodista o editor expiró hace poco y Alí quiso sacar a la calle una revista satírica, en su línea... la risa inteligente es la mejor cabalgadura en la batalla contra el necio y el tirano... pero le deniegan permisos, le ponen fosos. Total, decidió ponerse en huelga de hambre el 24 de junio. Van ya cuarenta días y comienza a estar grave, pero se niega a ser hospitalizado. Qué huevos.
Asociaciones internacionales de periodistas incluyeron hace tiempo a Alí entre los cien «periodistas héroes» del mundo por su terca y temeraria defensa de la libertad de expresión.
Aplaudo y me admira que quiera sacar una revista satírica ahí donde un periódico decente es impensable y el miedo silencia al déspota. Lo inteligente y eficaz es vestir de risa las verdades como puños. Desde que nos la enseñó Quevedo, España sabe lo medicinal que resulta la sátira fina para aliviarnos de los virreyes y de los tontos.
Adelante, pues, Alí.
Sabes que lo que no soporta el poderoso es la risa a su espalda, aunque tolera aún peor la risa a la cara y en letra impresa; le desquicia y resuelve fácil: paredón. Lo sabes, lo temes. Y sabes que a Franco no le gustaba La Codorniz ni a Rajoy El Jueves ni a Chirac Le Canard Enchainé ... las bromas y caricatruras escuecen mucho al que sólo compra aplausos, al que impone sólo su verdad o al que se miente a sí mismo y le crecen los complejos.
Querido Alí, que la risa te acompañe. Y no te dañes más, no te me mueras.