Diario de León
Fernando Jáuregui

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Q uienes todavía abominan de la necesidad de reformar la Constitución deberían quizá asomarse al debate parlamentario de este martes, centrado —teóricamente— en el rescate a Grecia, al cual, por cierto, deberá contribuir España de manera mucho más decisiva que el peso político que tenemos en la UE. Debería también reflexionar sobre el tema Francesc Homs, el irreductible portavoz de Artur Mas, que ha arrojado un jarro de agua fría a esa incipiente ilusión que supone el atisbo de consenso entre PP y PSOE sobre, al menos, la conveniencia de esta reforma. Homs ha dicho que Convergencia ya no está en el ámbito de esa reforma constitucional. Y lo mismo gente de la candidatura ‘transversal’ de Mas.

Y, sin embargo, deberían los del ‘juntos por el sí’ reflexionar que solamente en un marco europeo puede solventarse la diferencia aparentemente insalvable que ellos quieren cultivar con el resto de España. Solamente en ese marco superador de las tantas veces absurdas fronteras nacionales puede abordarse la imprescindible reforma del Título VIII de la Constitución, dedicado al estado autonómico. Habrían de reflexionar, los de aquí y los de allí, en que la palabra ‘Europa’, tan citada en el regreso agosteño a las actividades parlamentarias este martes, ni siquiera figura en la ley fundamental del Reino de España. Claro que tampoco figuran los nombres de las comunidades autónomas, ni el euro, ni Internet con su carga de derechos y deberes, y claro que aún se sigue hablando del servicio militar obligatorio y un largo etcétera que refuerza la idea de que hay que tocar, y bastante, el texto fundamental.

Menos mal que el inflexible Homs no representa, estoy convencido. Pero ya es tarde para lamentarse. No lo es, en cambio, para convencer a esos catalanes, sin duda los más, que no se sienten representados por las limitaciones políticas de Homs y de su jefe, de que un nuevo marco, una nueva financiación, un nuevo encaje dentro todos de Europa (y de España) es posible. Me parece un error que no se acelere el consenso entre las cuatro formaciones nacionales a este respecto.

No puede ser que un debate parlamentario sobre Europa se llene, como ya viene siendo habitual, de tics partidistas. No puede ser, desde luego, en un momento en el que estamos ante el mayor desafío a la integridad territorial de España desde la República. Pero así estamos: desunidos frente a todos los retos. Y Europa, única salvación posible para todos nosotros, catalanes y no catalanes, resulta que sigue fuera de nuestra Constitución...

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