TRIBUNA
Un Fuero para un Pueblo
C omo muy bien apuntaba en 2011 E. Gancedo, el 1.100 aniversario del nacimiento del Reino de León nos dejó una cosa clara: estas celebraciones requieren de tiempo para la elaboración de una programación acorde con el interés que pretendamos poner en ellas. Yo me permito añadir: y nos dejen, o mejor aún, los leones permitamos que otros programen por nosotros.
Esto último no lo digo hoy a toro muy pasado, puesto que en fecha muy prematura al 2010 publiqué mis temores, bien fundados, de que el ente se adueñara de la conmemoración, y programara a su antojo. Como así fue, muy en su papel de minorizar lo leonés, o si se prefiere de otra manera, no permitiéndonos ir desligados de lo castellano a ninguna parte.
Si no somos capaces de remediarlo, y la coyuntura ciudadana leonesa nada apunta en otro sentido que nos haga pensar otra cosa, respecto al Fuero de León, estamos abocados a ampliar la dejación leonesa, por impotencia popular erróneamente absorbida, ante la ausencia de políticos con sentimiento leonés diferenciado y por no prestar la debida atención a la insidiosa, aunque sólo sea por pertinaz, intervención autonómica, dirigente y unitarista. Atención a esto último, no nos dejemos confundir comunidad y comunitario con homogeneización y uniformidad, surgiendo de fundaciones y sus interpretaciones históricas.
La ciudad de León, por haber sido sede real en momentos clave de nuestra historia, ante la llegada de los acontecimientos, efemérides a rememorar, se ve favorecida, o digamos mejor implicada, para evitar confusiones, de modo especial.
En 1988, el ente autonómico, nos arruinó el octavo centenario de las Cortes leonesas. Tuvieron oportunidad los autonomistas del ente de lucirse, incluso plantear traer con justo merecimiento la sede de las autonómicas para León, ¡Eso si era compartir comunitariamente! No sólo no lo hicieron, además se empeñaron en castellanizar la celebración, no olvidemos que iniciaron ésta en Burgos; silenciando plenamente el tema Decretas, incluso devaluándolos.
En el 2010, llegó el momento de la celebración del 1.100 aniversario del nacimiento del reino de León. El ente, dueño de los dineros, y de un afán de sometimiento de lo leonés desmedido creciente, mediante la Fundación Siglo… controló el evento. Programó a su antojo, admitió algo que Juan Pedro Aparicio de modo personal supo introducir, pero la sordina empleada, trucó la melodía diferenciada, vital para lo leonés.
Para el reconocimiento del verdadero valor de los Decretas, Juan Pedro puso la primera piedra. Posteriormente entró en escena Rogelio Blanco, que elaboró un importante dossier, lo hizo llegar y defendió en la Unesco, para conseguir que fueran considerados patrimonio de la Humanidad como inicio del parlamentarismo. Este dato, el Ayuntamiento de León capital se lo ha apropiado como ‘León Cuna del Parlamentarismo’, mediante unos cartelones autorizados por el ente, y poco más. Como premio ignora al señor Blanco. Ciertamente en el claustro de San Isidoro de la capital se celebraron las Cortes pero concernían a todo el Reino, que ¡para qué anunciarlo!
En la reciente inauguración del monumento al Pendón Leonés, el actual alcalde, el castellanoleonés convencido señor Silván, supo dar a la implantación del grupo «Izando el pendón», un carácter puramente localista, al punto, según cuentan, de no dejarse fotografiar con una bandera purpurada del reino. Ante datos como éste, y el sobrevuelo de la Junta controladora autonómica, se nos acumulan malos presagios para el inminente Milenario del Fuero de León en 2017.
Hay un grupo de leoneses, preocupados por la deriva leonesa, y ocupados en proponer proyectos. Son conocidos como Proyecto León, y ya vienen alertando sobre el Milenario citado, a la par que proponiendo ideas a programar. En especial en el último comunicado se dirigen al actual Consistorio. Pero los políticos, en general, son poco dados a dejarse ayudar ¡van de sobrados! Y lo ciudadanos ¿qué esperamos si no sabemos implicarnos?