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PEDRO VICENTE
León

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P or mucho que ahora todos los partidos se esfuercen en convencernos de lo muy preocupados que están por acercar las instituciones y la política a los ciudadanos, la realidad es que siguen lejos de aprobar esa elemental asignatura democrática. Se percibe a la legua que, por mero interés electoral, intentan hacer de la necesidad virtud. Los ejemplos son constantes y elocuentes. Veamos algunos. Hasta hace nada el gobierno de Mariano Rajoy era de los más cicateros y reacios de Europa en acoger a refugiados víctimas de la diáspora provocada por el Estado Islámico, sin duda calculando que esa resistencia a la inmigración —la misma que abandera García Albiol, el candidato del PP en Cataluña— le resultaba electoralmente rentable. Así era hasta que la publicación de las tremebundas fotos del crío ahogado en una playa turca conmovió a la opinión pública, desatando un clamor ciudadano a favor de la acogida de los refugiados. De tal suerte que, de la noche a la mañana, ahí tenemos a Rajoy dispuesto a admitir sin restricción a cuantos refugiados lo soliciten, al tiempo que ayuntamientos y comunidades autónomas gobernadas por el PP muestran súbitamente una cara solidaria que venía brillando por su ausencia. La impostura es manifiesta.

En Castilla y León, la madre de Aimar, un chaval de 13 años con un 99 por ciento de discapacidad, ha tenido que presentarse en las Cortes con su hijo y abordar personalmente al consejero de Sanidad, Antonio Sáez, para que éste se comprometa a revisar las ayudas establecidas por la Junta para mitigar los gastos familiares ocasionados por el desplazamiento de un enfermo desde su lugar de residencia. A la familia de Aimar, queien permaneció una semana hospitalizado en otra provincia distinta a la suya, la consejería le había despachado con 13 miserables euros. Y el consejero había justificado semejante miseria hasta que se tropezó con Aimar y su madre en los pasillos de las Cortes e inmediatamente anunció que la Junta iba a revisar ese insultante sistema de ayudas.

Sin el agobio de la presión mediática o el interesado cálculo electoral, muchos de nuestros políticos siguen siendo refractarios a adaptarse al más elemental sentido común. Lo hemos comprobado también recientemente en las Cortes, donde el PP, a pesar de no disponer de mayoría absoluta, se ha permitido bloquear la comparecencia solicitada por todos los demás grupos para que el consejero de Fomento, Juan Carlos Suárez Quiñones, se explique sobre los incendios forestales en la comunidad. Siempre se abogó por agilizar la vida parlamentaria poniendo como ejemplo de su desfase que en invierno se debata sobre los incendios forestales y en verano sobre los efectos de las nevadas invernales. Pues parece que hay quien se empeña en que eso siga ocurriendo.

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