EN BLANCO
Marlene
E l puchero de la vida leonesa bulle en buena medida en torno a las calles aledañas al romántico paseo de la Condesa, un entorno activo y atractivo que a determinadas horas y días exhibe los mejores aromas y texturas locales. Con evidente majestad urbana acoge desde tiendas de toda la vida, como la legendaria Frutería Nacional de Gelín, a establecimientos que apuestan sin rubor por el moderneo. Y es que se trata de una zona que invita al tapeo y a las compras, pues son infinitos los leoneses que llevados por la ceguera del hábito acuden al baratillo popular que se monta en la calle Colón, donde el arte de la compra y el regateo alcanza cotas majestuosas. Los olores y sabores que envuelven a esta arteria ennoblecida por la señorial lápida en piedra tallada con manos sabias por Julio del Campo, llegan desde bares y cafeterías que invitan a su clientela a un auténtico festín gastronómico, regado con tragos de esos vinos de la tierra que garantizan salud para el cuerpo y procuran alegría a las almas taciturnas.
Por razones de afinidad y comodidad me quedo con el pequeño bar donde ejerce tras el mostrador y como primera dama la dominicana Marlene, una mujer muy lucida que es modelo de gentileza y buen hacer profesional. Con una cualidad luminosa importada desde su país de origen y una sonrisa preciosa, de catálogo, te ofrece una pasarela de pinchos y tapas que subliman una forma de comer y de compartir. Todo un abanico de bocaditos mágicos y otras ideas a pedir de boca que los parroquianos reverenciamos más que al anillo del Santo Padre. La ciencia no acaba de explicarse la categoría de sus macarrones de autor, la tortilla de toda la vida, las patatas guisadas o unos revueltos de auténtico rechupete. Aunque no me gusta dar consejos, si les recomiendo una visita a Marlene. En realidad, más que una sugerencia es una orden.