TRIBUNA
Por una comunidad astur-leonesa
A unque los partidos aún dominantes siguen jugando a despistar con respecto a la reforma de la Constitución, esta es inevitable: Lo único que se ventila es la hondura de los cambios que sufrirá nuestra carta marga. Dependerá, en buena medida, del «desgarro» que sufra tras las elecciones del 27-S en Cataluña y del ¿?D en España.
Se puede aventurar un primer supuesto de crisis mínima, que permita controlar el desafío separatista con cambios epidérmicos. Pero se puede pensar en un segundo supuesto de brecha profunda de la estabilidad política que obligaría a cambios profundos en el ordenamiento vigente.
En este marco de crisis general del esquema constitucional se puede esperar un rediseño completo del entramado autonómico que le ha dado soporte hasta ahora. Este vendría obligado, tanto por las exigencias de los separatistas como por la ineficacia demostrada de las administraciones autonómicas en los años pasados. Las más claras de ellas; la duplicidad de funciones y el despilfarro de fondos públicos.
Si este rediseño se abriera paso, nos brindaría a los leoneses una oportunidad histórica. Mejor aún, una segunda oportunidad de enmendar los lamentables errores del inserto actual de nuestro «pueblo» en el estado autonómico.
Recordemos que la «adhesión» de León a Castilla no fue el resultado de la voluntad de los leoneses, manifestado en algún tipo de consulta democrática. Fue simplemente el «diktat» de los partidos hegemónicos de aquellos años (PSOE y UCD) y la incompetencia un ministro muy poderoso del momento, (de cuyo nombre me gustaría no acordarme y no me acordaré).
Esto fue posible hace 30 años por la inmadurez democrática de nuestro pueblo que no supo exigir ser escuchado y por una honda ignorancia de su propia identidad, tras tantos años de intoxicación centralista. Recuerdo que, yo mismo, recién salido de la Facultad de Sociología, elaboré una encuesta por encargo de este Diario de León en la que se preguntaba a los leoneses sobre sus preferencias en el encaje del Estado de las Autonomías que se debatía en esos momentos: León solo, León+Galicia, León+Asturias o León+Castilla. Esta encuesta mostraba como resultado mas notorio la indecisión, por falta de criterio, de la mayoría de los encuestados. Hoy las cosas son muy distintas. El pueblo leonés ha logrado entender, como los demás de España, su singularidad. Y ello nos obliga a exigir un replanteo de su encaje en el seno del futuro marco autonómico, confederal, o lo que sea, del Estado.
Ahora sabemos ya que no somos un simple tabique del edificio castellano, como no lo es Aragón, ni Galicia. Tampoco fuimos cimiento, somos un elemento ajeno al conglomerado castellano porque fuimos antes. Castilla es un elemento segregado de nuestra comunidad, llámese reino, como también lo fue Portugal. Esta situación nos obliga a valorar, pues, nuestro futuro entronque en el Estado que surja de las reformas en curso. Lo leonés, en mi criterio, se debe enmarcar en una esfera superior que debemos llamar Astur. Y ello en base al argumento mas irrebatible: el genético, que está por encima de cualquier avatar histórico. Porque lo genético, es decir lo etnográfico es lo que se lleva en la sangre, en el habla, en el alma.
El territorio de la actual provincia de León perteneció durante largos 500 años a la comunidad astur que también comprendía la actual Asturias y el norte de Zamora. Esta comunidad careció de administración central pero fue una comunidad auténtica con su lengua común, su religiosidad común y su cultura común (gastronomía, artesanías, celebraciones..).
La comunidad astur fue aniquilada por los romanos en el siglo I A.C y quedo disuelta en el magma de la Hispania de los Cesares lo mismo que la galaica, la cántabra o la lusitana. Lo astur sobrevió fugazmente 1.000 años después en el breve Reino Astur–leones (siglo IX-X). Y nuevamente fue disuelta en una comunidad superior que, llamamos, española desde el siglo XVI. Entre ambas ocurrió esa segregación, primero, del elemento castellano y la absorción en él, después. En ambos casos, separación o digestión, procesos políticos no sociológicos que no alteraron de ningún modo la personalidad leonesa.
Lo que pedimos es que los futuros gobernantes exijan la constitución de una comunidad-autonomia (o cómo se llame) astur-leonesa dentro del nuevo marco constitucional. Si esa opción se llevara a consulta es la que conseguiría mayor aceptación.