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Germán Carbajo García y Alberto García Tranche militantes del psoe
León

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E ntre los argumentos contra la independencia, más allá de las justificaciones históricas, merece la pena remarcar lo que cala entre los votantes nacionalistas, la historia épica del pueblo catalán. Podemos afirmar que en la mayor parte está inventada, pero no solo en Cataluña también en las gestas épicas de cualquier nación, lo mismo que las del Cid, Pelayo y otras cuantas por el estilo que tienen un poco de verdad y mucho de invento acrecentado por quien las cuenta. Hobsbawm ya argumentaba que muchas tradiciones  son inventadas por élites nacionales para justificar la existencia e importancia de sus respectivas naciones.

Sea como sea España se creó de varios reinos, una nación de naciones en un mismo rey. Con la llegada de Felipe V unos mantuvieron sus fueros al apoyar al candidato francés, es el caso de los vascos, y otros los perdieron, como fueron los catalanes. El centralismo político empieza con los Borbones aunque España mantiene su actual configuración peninsular desde 1516.

Trayendo a colación las económicas tenemos ahora el libro Las cuentas y los cuentos de la independencia de Josep Borrell, esmonta el ‘Espanya ens roba’, primero porque reciben prácticamente lo que aportan y además deja claro que la creación de un estado catalán no mejorará la capacidad económica de los catalanes. La alineación económica no sirve. Además demuestra que la gestión de Convergencia de las cuentas públicas es muy cuestionable. Cómo se justifica que el Gobern de Mas gasta dinero en embajadas o en promover una hipotética independencia mientras hay recortes en sanidad, dependencia, servicios sociales y educación. ¿Eso es gestión? ¿Se busca el bienestar de los catalanes? 

En este sentido el papa Francisco dice, con razón y argumentando, que vivimos instalados en una forma de concebir las cosas extraña, de manera que el cambio por el cambio es positivo, sin reflexionar si ese cambio es más beneficioso o no. Es decir, es nuevo igual a es mejor. Lo cual es absurdo, los posicionamientos de Henry Wallace o Pablo Iglesias Possé o incluso de muchos de los krausistas son antiguos pero mejores que las tendencias del liberalismo social que tenemos instaladas en la izquierda europea.

Políticamente, es donde es más complicado desmontar los argumentos, el mundo se mueve ahora en un continuo debate de integración y fragmentación. Es complicado explicar un mundo globalizado con nacionalismos identitarios, sectarios y excluyentes. Pese a eso, los que no somos nacionalistas, debemos respetar las identidades, pero no para que nos las impongan.  Raymond Carr  en su libro España 1808–2008   resaltaba que en nuestro sentimiento nacional existía una «primacía de los vínculos locales, y la regla de proporcionalidad inversa: cuanto mayor es el área a la que se aplica el patriotismo, menor es la intensidad del mismo.»

Es complejo y difícil de tratar el tema del derecho a la autodeterminación puesto que el compartir una historia larga y común no justifica en si mismo su supervivencia en los próximos años. Donde los nuevos partidos hablan de seducción, yo hablo de coherencia, una seducción es ahora difícil de lograr después de la judicializacion del Estatut que hizo el PP y las múltiples ofensas de la derecha a los Catalanes. ¿Qué hacemos? Abrimos el melón de disolver España, ¿echamos a Cataluña de Europa?, ¿nos separamos y empezamos a disolver la sociedad de gananciales? Por cierto, no sé si este matrimonio está regido por el régimen común catalán, es decir, separación de bienes o por el castellano, comunidad de bienes.

Señores, como decía  Wittgenstein, algunos han metido una mosca dentro de una botella y podemos hacer dos cosas, o enseñar a la mosca a salir de la botella o romperla definitivamente. Esta es la decisión que se cierne sobre los catalanes, pero no solo sobre ellos, también sobre los andaluces, gallegos, castellanos, leoneses, extremeños, valencianos etc, porque no solo hay dos bloques, esto no es un tema de relación de Cataluña con el resto de España, esto es un juego de todos, de relaciones de todos con todos, puesto que hay muchas nacionalidades históricas y España, actualmente, es la suma de todas ellas.  Un primer paso sería eliminar esa forma de expresión de dos bloques, así el resto no se sentirían ofendidos. Y tenemos que hacer ver a los políticos que se debe gobernar para todos, me gusta lo que dice coherentemente Pérez Tapias «algunos piensan que el Estado es tan suyo que ni se ocupan de que quepamos todos».

Quizá nadie se haya puesto a diseñar el ideal de relación federal, pero para que haya una convivencia fructífera y duradera tiene que haber cuatro líneas irrenunciables: 1.ª: La lealtad institucional, nadie puede formar parte de algo para destruirlo; 2.ª: una división coherente y adecuada del juego del poder, 3.ª: desarrollando la anterior: la igualdad, simetría y estabilidad en el reparto del poder, ya no vale esos dos niveles que articuló la constitución entre los dos niveles de comunidades autónomas; y 4.ª: y más importante la solidaridad entre todos integrantes. Pero en esto quiero romper una lanza a favor de unidad de todos, del federalismo bien entendido, de la nación de naciones, donde todos podamos entrar sin que nadie se sienta excluido.

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Por último queremos decir que para los que realmente creemos en el progreso de los pueblos tenemos una patria y bandera mayor que el territorio, y que esta no se basa en los colores de una bandera, ni los de las fronteras de un territorio, hacemos bandera en igualdad de derechos, en la sanidad universal, en el progreso y redistribución de la riqueza, de lucha contra la injusticia allá donde se encuentre, pues es la pérdida de esto es lo que realmente nos aliena y nos desfigura.