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PEDRO VICENTE
León

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A trás las elecciones catalanas —que no el desafío soberanista del independentismo ni la fractura social y política a que ha conducido dicha deriva— se da por abierta la precampaña de las generales de diciembre. En ese contexto hay que enmarcar la parafernalia que hoy rodea la llegada del AVE a León y Palencia, que tras los sucesivos retrasos en las obras —Zapatero llegó a anunciar que llegaría en 2008— se produce a menos de tres meses de la cita con las urnas. Un acontecimiento histórico que le viene al pelo a un Mariano Rajoy, que, si aún andaba convaleciente del batacazo del PP en las pasadas autonómicas y municipales, no ha salido nada bien librado de los comicios catalanes.

Es cierto que cada elección tiene sus claves propias y que no se pueden extrapolar los resultados de unas europeas con los de unas autonómicas ni los de éstas con los de unas generales —por no hablar de las municipales, las más permeables al tirón personal de los candidatos—, pero es indudable que lo del pasado domingo en Cataluña ha sido todo un espaldarazo para Albert Rivera y Ciudadanos, con diferencia el partido que viene comiéndole más terreno al PP. Por el contrario, el revés sufrido por Podemos supone todo un alivio para el PSOE, en cuyo caladero electoral tiene puestas sus redes el partido de ‘coleta morada’, el autoalias adoptado por Pablo Iglesias.

El sistema electoral que rige en las generales favorece —siempre ha favorecido— el bipartidismo, aunque no tanto por la aplicación de la Ley D’Hont como por el condicionante que suponen las circunscripciones provinciales, que hacen extremadamente difícil que una tercera fuerza política obtenga representación donde sólo se eligen tres diputados, como ocurre en cuatro provincias de Castilla y León (no digo ya en Soria, que sólo elige dos).

Harina de otro costal son León y Valladolid (cinco diputados) y en menor medida Burgos y Salamanca (cuatro), donde las fuerzas emergentes tienen opciones de alcanzar un escaño. A tenor del resultado de las pasadas elecciones autonómicas, esa posibilidad estaría al alcance de Podemos en León, Valladolid y Burgos, si bien a lo relativo de la extrapolación, hay que añadir lo muy cambiante que sigue estando el panorama político. Y en el caso de León, otro factor endógeno que puede resultar decisivo: el destino del voto municipal y autonómico a las formaciones leonesistas, que no concurrirán a las próximas generales.

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Así las cosas, la batalla de las generales se presenta especialmente reñida en León y Valladolid, donde ese escaño de diputado al que opta la fuerza que ocupe la tercera posición podría ser indistintamente a costa del PP o del PSOE. Mayor emoción imposible.