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Máximo Soto Calvo Asociación Pro Identidad Leonesa
León

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C uando en 1960 empecé a conducir un automóvil, a conocer el paso a nivel del Crucero y su inoportuna barrera como un impedimento viario, no supuse que el «camino de hierro» sin duda bien recibido en su llegada como vital y de progreso, sus rieles iban a suponer un dogal férreo que generaría otra historia, una línea divisoria en la capital provincial.

En mi especial interés por el tren desde niño, sin duda tenía mucho que ver un vecino, maquinista, de los buenos decían; hombre serio, retraído, pero a quien en ocasiones pude escuchar comentarios sobre peripecias en años difíciles del oficio. En los mandos de su potente máquina de vapor, Santa Fe, tan solo pude verle en dos contadas ocasiones, su cara levemente tiznada, sonriente, y tocado de boina laboral, aún la recuerdo, y no menos el leve gesto de saludo con la mano, estando yo en el andén bajo la alta marquesina.

Cien años antes de empezar a atascarme en el citado paso a nivel, junto al barrio ferroviario que se fue montando en San Francisco de la Vega, nació un periódico en la capital leonesa, que llamaron: El Esla (1.12.1860); su tirada dos publicaciones semanales, jueves y domingo. Pero lo importante, en sus columnas con el estilo periodístico del momento, desde el origen reclamaban la llegada del tren a nuestra capital. La línea Palencia-León era la vindicada. No decían tal, escribían: ferro-carril, así, mediante dos palabras y un guión. Su anhelo era traer el progreso a la provincia leonesa sobre el sendero de hierro de los paralelos raíles.

Entre los fundadores de El Esla, en el que ponemos la mirada, estaba José García de la Foz. Un personaje leonés, vehemente leonesista, como tal defensor de lo nuestro, que, pasado su tiempo, se ha ido quedando en la penumbra. Como periodista puso sus mejores empeños en El Esla, y en otros periódicos de Madrid, siempre progresistas y sus columnas en ocasiones fueron consideradas muy polémicas. Republicano y diputado a Cortes por Sahagún.

Su Crónica de la Provincia de León engastada como una más en la General de España (1867), fue su ópera prima en el momento que lo historicista tomaba valor; recomendable en la época, y para seguir siendo tenida en cuenta. Todo un intento para dar a conocer nuestra historia.

Para entonces ya se había conseguido que el tren tuviera estación en León. Las vías fueron inauguradas el 8. 11. 1864, con un viaje oficial; y García de la Foz como leonés y representante de la prensa estuvo entre los invitados, sintiéndose muy orgulloso de poder vivir y contar la llegada del primer convoy. Ejerciendo de leonés, y de poeta, compuso una Oda dedicada a ese día, rezumando orgullo por el pasado, el presente…

El paso a nivel de El Crucero llegó a ser un incordio insufrible. En 1982, el alcalde Juan Morano que derrochaba entonces junto a gran empuje buenas dosis de divismo, inició un intento de supresión, plagado de trastornos para el vecindario, se trataba de pasar por debajo de las vías. Fallos técnicos y de previsión, pusieron fin al plan. UPL, cuando en 1991 acababa de entrar en sociedad para encauzar el leonesismo reivindicativo, presenta con gran impacto su Proyecto: León 2002. Su intención soterrar el tren, la supresión del paso a nivel del Crucero y diafanidad para el sector Oeste de la capital. Injustamente fue a parar al cajón del olvido.

Como el tema me apasionaba, empecé a escribir artículos de opinión en los medios capitalinos, en especial en Diario de León, siempre considerando como mejor solución el soterramiento. Desde 1994 hasta hoy han sido al menos doce, que aún conservo. También en mi libro sobre la capital legionense: Legio, Érase una vez …, dediqué al tema meditadas páginas.

También hablé del AVE, de Zapatero, de fabulosos proyectos cuando se liberaba suelo: ¿Integrar el tren o recalificar? Diario de León 2/12/2002. La crisis barrió todo. Y el AVE llega tarde y cojo.

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Entre aquellos fastos populares y los hoy populistas, hay diferencia notable. Entonces había alegría sincera en el pueblo, que hasta hizo cuestaciones para apoyar económicamente, y hoy lo que prima es la exhibición de músculo PP, vamos propaganda pura y dura. Lo que no quita para que entroncados a la red nacional AVE, León capital se encuentre en su lugar. ¿Pero qué pasa con el soterramiento, con Torneros, con el Centro de Control? Herrera vino orondo en este tren que, ¡atención!, debió llegar al mismo tiempo que a Valladolid. Pues si tanto se empeñaban en hacernos Comunidad, ¿por qué en esto también nos marginaron?