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Ana Cristina Robles Pallarés.villaobispo de las reguerasManuel Rodríguez Díez.La Cándana de Curueño
León

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Villaquilambre: Palos al gobierno, pero no a mi costa

H ace unos días leí en este diario un texto de la que es actual portavoz del grupo Ciudadanos, anteriormente concejal de Civiqus y anteriormente PSOE, Carmen Pastor, en la que se criticaba el trato que se le daba a la oposición por el actual alcalde bajo el título, ‘Más madera en Villaquilambre y palos a la oposición’. Esa persona que escribe desde su tribuna se refería a mi puesto de trabajo con una retahíla de mentiras sobre mi labor para tratar de atacar al actual gobierno.

Me parece muy triste que en este país dejemos que algunas personas sin escrúpulos aspiren a llevar las riendas de un municipio cuando demuestran de antemano que carecen de moral, mintiendo y para colmo haciendo públicas estas mentiras. Mentiras que además perjudican a personas que con su esfuerzo han conseguido optar a un puesto de trabajo.

Yo soy la persona a la que se alude, con un montón de falsedades. Por eso me gustaría aclarar públicamente, como lo hizo anteriormente usted Carmen Pastor, que: Aunque no tenga que justificar ante usted mi situación laboral, voy arrojar luz sobre las mentiras que ha vertido. Es cierto que me hicieron un contrato en este Ayuntamiento por una baja maternal, y también lo es que volví a la plaza, renovándome el mismo, ahí no ha mentido.

Pero lo que sí que es mentira, y usted es conocedora de ello, es que se me ha hecho un contrato encubierto, ya que como muchos trabajadores de esa misma bolsa de empleo, de la que formo parte desde el año 2008 después de aprobar los dos exámenes pertinentes, se me hizo un nuevo contrato por acumulación de tareas.

Entérese señora Pastor, no soy la única que se encuentra en esa situación, y no mienta diciendo que mi contrato lleva un informe desfavorable de los técnicos, porque sabe que no es verdad. Y si estoy faltando a la verdad la invito a que lo haga público en estas mismas páginas en las que alegremente utiliza mentiras sobre mi trabajo para atacar al gobierno. En este sentido, también quiero aclarar que por supuesto que realizo labores para el departamento de Secretaría, trabajos que compatibilizo con los de Acaldía, sin ser personal de confianza. Por lo que el señor alcalde solamente dispone de un cargo como se acordó, teniendo yo la calificación de una trabajadora más del Consistorio. Pero no tengo duda que esto último es algo que usted conoce de sobras aunque no le convenga admitirlo porque si no su crítica carecería de fundamento y se convertiría en lo que es realmente, una pataleta de niña rabiosa.

Por último, como decía en el encabezamiento puede usted darle los palos que quiera al actual alcalde y a su gobierno pero no a mi costa. A costa de un trabajo con el que me gano la vida y con el que no voy a tolerar que usted ni nadie juegue y menos faltando a la verdad.

Amish

U nos comentarios al artículo ‘Ritmo de vida amish’ publicado el día 4. Primero: es una pena que el autor, J. J. González (Johnny), en su visita a la Biblioteca del Congreso en Washington, se perdiera la Sección Hispana (antigua Spanish Foundation) que posee un fondo bibliográfico que sería a envidia de muchas bibliotecas de países hispanos y que debe su existencia, en gran parte, a un insigne leonés, el agustino padre David Rubio que bien puede considerarse ‘padre’ de la institución.

Segundo, unas correcciones al artículo: Cierto, los hombres amish (Plain people , la gente sencilla, como se definen ellos mismos) visten siempre de negro (y sin botones en la ropa), pero las mujeres pueden usar cualquier color, con tal de que sea sólido y austero. De hecho, las granjas amish se distinguen inmediatamente de las que no lo son por dos razones: no hay cables de conducción eléctrica y en los tendederos de ropa se ven siempre prendas femeninas de colores siempre sólidos y más bien tirando a oscuros.

Se dice que el Museo Espacial del Smithsonian «hubo que sacarlo de la ciudad por ocupar una extensa superficie». En realidad no podría estar más céntrico: al igual que el resto de museos que bordean el Mall, se halla situado entre el Capitolio y la Casa Blanca, a unos 300/400 metros de ambos edificios.

La «pequeña ciudad de Arlington», al otro lado del río Potomac, no lo es tal: porque no es una ciudad, sino un condado, y porque pasa de los 200.000 habitantes.

A los que viven o trabajan en el Distrito de Columbia (Was- hington) les encantaría que su ciudad fuera «limpia y hermosa». La realidad, por desgracia, es muy diferente: la parte administrativa (sobre todo la que se construyó siguiendo los planes del arquitecto que la soñó, el francés L’Enfant y que es la que ven los turistas), es realmente hermosa y limpia, quizás una de las más hermosas del mundo. Pero la parte ‘residencial’ es hoy día de lo más cutre del país y con problemas de todo tipo donde vive esa tercera parte de la población que, como dice el artículo, es analfabeta, al menos de facto.

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Una excepción es el barrio —que no «ciudad limítrofe»— de Washington conocido como Georgetown, de lo más chic de la ciudad y donde, en la universidad de los jesuitas conocida por el nombre del barrio donde está ubicada, estudió un par de años el rey Felipe VI. Georgetown, como indica su nombre, fue un pueblo o ciudad independiente hasta 1871 cuando fue incorporada al Distrito de Columbia, más conocido como Washington, del que, desde esa fecha, es un barrio más.