Ponferrada

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L a milla de oro en la vieja Ciudad del Dólar era la avenida de José Antonio, un tramo de cuatrocientos metros entre la plaza de Lazúrtegui y la de Las Nieves que ha recuperado el nombre de La Puebla, pero ha perdido el atractivo comercial que una vez tuvo.

En la avenida de La Puebla, que en otro tiempo vertebró Ponferrada —y sigue siendo un vial imprescindible para la fluidez del tráfico— uno de cada dos locales está vacío, cuando no abandonado, tapizado de carteles, con los escaparates polvorientos o una verja metálica que anuncia el cierre de un negocio.

Toda la avenida, a pesar de que sobreviven establecimientos lustrosos, es como una gran boca que va perdiendo muelas. Sufre lo que Rudolf Giuliani, el ex alcalde de Nueva York —lo dije aquí en una ocasión— denominó síndrome de las ventanas rotas: si permites que un escaparate se llene de carteles, si dejas un cristal roto sin arreglar, si consientes que se acumulen los papeles a la puerta de tu casa, el abandono se extenderá poco a poco al resto de la calle, hasta echarla a perder.

En aquella ciudad más próspera, más violenta y más viciosa que era Ponferrada en los años de la fiebre del wólfram, cuando dos piedras del mineral pagaban una cena y se jugaban fortunas a las carta, la avenida de La Puebla, rebautizada con el nombre del fundador de La Falange, despuntó como la calle más atractiva de la capital berciana. Juanito Valderrama componía El emigrante en el Hotel Madrid, y Casa Cubelos era el restaurante de referencia.

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Luego derribaron el Teatro Edesa en el arranque de la calle en Lazúrtegui, cerraron el Hospital Camino de Santiago, que tanta gente traía de paso, los edificios envejecieron sin reformas, desaparecieron los aparcamientos, Casa Cubelos dejó de servir comidas, y la avenida entró en decadencia. ‘La ciudad recupera La Puebla’ titulamos en este periódico una crónica sobre la última reforma de la avenida en 1997. Pero en algún momento de los dieciocho años que han transcurrido desde entonces la calle se ha vuelto a perder y mucho me temo que hará falta algo más que un Banco de Locales, la iniciativa del Ayuntamiento que pretende facilitar el alquiler de los negocios vacíos, para reencontrarse con ella.