EL RINCÓN
Se espera contestación
T odo está listo, pero no conforme, para suspender la autonomía de Cataluña, que, como todas pero más que ninguna, fue un experimento fracasado. Para acabar con el odioso centralismo no era necesario hacer del propio ombligo el centro del mundo. Muchos lo confundieron con el estómago y quisieron llenarlo al mismo tiempo que llenaban sus insaciables aspiraciones. Cuando pasado el tiempo, que siempre cumple con su obligación, que no es otra que la de transcurrir, se estudie serenamente esta época habrá un largo capítulo dedicado al fracaso de los virreyes que quisieron ser emperadores. Al que todos llaman presidente, aunque sea de una cofradía o de un club, acaba por creerse que preside algo, aunque sea una procesión o una manada de socios. Uno de los señores presidentes más notorios de la última época ha sido sin duda Jordi Pujol, también conocido como «la tortuga veloz». Anteayer no más tuvo que abandonar una de sus múltiples viviendas, que adquirió prometiéndole a los catalanes que iban a vivir mejor. Todo el clan Pujol está imputado, dicho sea con perdón de su señora, Marta Ferrusola. Más que una familia parece un equipo bien conjuntado, ya que todos sus miembros han conseguido despertar la atención de la Policía, de la Guardia Civil y de la Audiencia Nacional. Un día de esta semana fueron detenidos a las ochode la mañana, que no son horas para detener a nadie.
De aquel turbio virreinato se derivan las cosas que ahora nos abruman a todos y nos entristecen a algunos. La antigua y nueva sagrada familia nos ha metido en esto, cuando el señor Mas era su discípulo más amado. Se esperan respuestas del Gobierno, que se calla como Dios, que siempre ha sido de pocas palabras. Las que dijo las escribió en la arena o las confió en personas que nunca le conocieron. Uno de los problemas que puede tener la improbable República catalana es no poder nombrar a Jordi Pujol duque de Andorra. Otro es disputar siempre la Liga con el Lérida, en vez de la Copa del Rey con el Villanovense. Ya veremos.