FUEGOAMIGO
Deuda mozárabe
C uando expiraba el invierno de 2014 y después de no sé cuántos enredos y zancadillas, los diputados que acaban de consumir legislatura propusieron solemnemente a la Unesco la declaración del arte mozárabe como Patrimonio Europeo, tercera división de sus distinciones. En el mismo lote, los señores diputados remitieron a París el pedido de que los bordados lorquinos al canutillo fueran declarados Patrimonio de la Humanidad. Ese es el rango que sus señorías conceden al embrujo de nuestras joyas medievales de arte mestizo: Escalada, Peñalba, Santo Tomás de las Ollas, Mazote, Lebeña o Wamba. De momento, sin novedad, que París no es Viñayo. Mientras resuenan con estrépito los recientes y penúltimos fracasos de candidaturas que nos conciernen al Patrimonio de la Humanidad. Porque ni las vidrieras leonesas ni el románico palentino ni los gaudís de aquí tienen la singularidad que cotiza en aquella lonja.
En cambio, resulta llamativo y chocante que nadie aliente ni promueva candidaturas claras, como las arquitecturas visigótica o mozárabe que enjoyan algunos de nuestros rincones más hermosos. ¿Por qué será? ¿Otra penalización por su ruralidad y dispersión territorial? La galería de Escalada es uno de los iconos del patrimonio español. Sin duda, la más primitiva y espectacular de un género que prospera en el románico del Duero, como espacio funerario y albergue del concejo vecinal. En los cincuenta, Almarcha tuvo el proyecto de trasladar Escalada a León, frente al cuartel de Almansa. Estos días otoñales la junta de portavoces de la diputación ha acordado por unanimidad una moción instando a la Junta a iniciar los trámites «para impulsar la declaración de la Tebaida berciana como Patrimonio de la Humanidad».
Apreciando en lo que vale el atractivo cultural y paisajístico del Valle del Silencio, entiendo que la divisa de tebaida berciana es un lastre capaz de arruinar la buena intención del empeño. Porque lo más importante de una propuesta así es no embarullar, mezclando churras con merinas. El sello de la Tebaida lo estampó el burgalés Padre Flórez al enclave de pueblos recónditos, castaños salvajes y monjes asilvestrados que arropa el camino entre Foncebadón y Ponferrada y lo aprovecharon las autoridades provinciales para la celebración en Compludo del centenario del visigodo Fructuoso, mediados los sesenta, con el viento a favor de los 25 Años de Paz.
De aquel arranque salió el lapidario colgado a la entrada de Compludo y la mitificación de una herrería decimonónica empujada hasta el siglo séptimo. El rango de paraje pintoresco procede de la Primavera de Fraga, que también se lo obsequió a la comarca de Ancares, donde cazaba rebecos. Volver a sacar ahora esa procesión carece de sentido y conduce al fracaso.