TRIBUNA
La desmotivación de los españoles
S egún algunos analistas y observadores existe un paralelismo entre la España actual y la de la generación del 98, con la pérdida de las últimas posesiones españolas de ultramar, Cuba y Filipinas, debido a las insidias de la joven nación norteamericana, con tintes de ambiciones imperialistas, La pérdida de Cuba por España, derrotada por Estados Unidos en 1898, denominada «el desastre», fue el detonante de una reflexión española sobre sí misma, que impulsaron las generaciones del 98 y del 14. Desde entonces, el pueblo español ha buscado, como si se tratara del bálsamo de Fierabrás, una estructura socio-política que corresponda con sus aspiraciones, citó Vicens Vives. Con la Transición, creyó haberlo conseguido, pero de nuevo emerge la idea de fracaso. En estos momentos, tan revueltos e inquietantes como aquellos, estamos tan necesitados como aquellos de un necesario rearme moral para resurgir de nuestras cenizas como el mitológico ave Fénix.
Si hay alguna situación similar en la Historia, sería la desaparición del Imperio Romano y los profundos cambios que dieron lugar a un mundo completamente distinto, que costó varios siglos superar. Una situación similar en nuestra propia Historia habría que buscarla en la desaparición del reino visigodo con la que se conoce como invasión árabe en el 711. Aunque cuando se estudia en profundidad este periodo, se descubre que la caída se produjo por la decadencia en la que había caído el reino, con una profunda crisis política, con una ineptitud y corrupción, acompañadas por ansías desmedidas de poder por los dos principales grupos de nobles de la época.
Probablemente hasta el ingreso de España en la Unión Europea en 1986, y ahora el rescate de la banca se vive en palabras del Financial Times,» como una humillación», en una España que creía haber puesto punto final a su diferencia secular con los países desarrollados de Europa. Esta confianza se ha quebrado de la mano de la crisis económica, de los problemas que conlleva para todos, y sobre todo para las generaciones jóvenes.
Toda desmoralización es un desarme del ánimo, de ninguna crisis se sale sin que se produzca su rearme, con una gran catarsis colectiva. El Gobierno está tratando de vender falsas esperanzas, y la oposición vende propuestas de pequeño calado, se percibe que no hay motivo para el optimismo rampante que quieren vender los políticos; sólo haciendo frente a la verdad, con un plan de acción conformado como un gran acuerdo nacional, podremos salir adelante, como ya utilizó con éxito Churchill con el pueblo inglés, con la consigna «Sangre, sudor y lágrimas», y éste supo valorar y responder; sabemos que en nuestro suelo patrio esto es más difícil, puesto que el gobierno conservador actual lo tendría difícil, ya que la vengativa y rencorosa izquierda no ha superado sus graves deficiencias y su contundente derrota, que la convierten en antiespañola, por su profundo odio a todo lo que significa la unidad en la paz, de todos los españoles, independiente de sus colores, y pondría todas las dificultades posibles, pactando con nacionalismos estrechos y, populismos, hasta debilitar y desangrar la convivencia.
Los españoles deben sentir que su participación en la solución es necesaria, no solo asumiendo costes, sino también decisiones de alcance y con futuro, pero para abordar este objetivo hace falta de liderazgo político para plantearla, y la carencia actual de un plan para salir de la crisis, más allá de la creencia de que las reformas funcionarán y generarán crecimiento.
En las últimas décadas, España ha vivido un enorme progreso económico, y socio-político. El progreso se ha roto, al quedarnos sin objetivos y con un pobre horizonte, donde los hijos vivirán peor que los padres, algo inusual desde la postguerra, de todos nuevos ricos se ha pasado a todos nuevos pobres. Elementos fundamentales de ese entramado político creado se cuestionan por su costoso sobredimensionamiento, como es el Estado de las autonomías, que ha derivado en una pérdida de credibilidad de la práctica totalidad de las instituciones públicas. El capitalismo en España se intensificó a lo largo de la década de los ochenta, curiosamente de la mano de un partido socialista de nuevo cuño, a causa de los fondos europeos que nuestro país recibió durante aquellos años. La especulación floreció, y con ella el dinero fácil, que dio lugar a la «cultura del pelotazo». Entendemos necesario un rearme moral de la sociedad española, que debería venir desde las instituciones, oficiales y privadas, es decir, las que componen lo que se conoce como sociedad civil, lo que implica disponer de: Misión, Visión y Valores, como cualquier empresa humana, capaz de vertebrar el país. Necesitamos un rearme moral para seguir viviendo, y para ello necesitamos también dotar de sentido a nuestras vidas, pensar, creer y sentir que vale la pena luchar por ellas, y por las de los nuestros. Ese será también el sentido de la política.