Diario de León
Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

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O lvida tres minutos esa guerra petrolera que hace pozos en el Corán para sacar de ahí lo más negro de la fe, el dios que arde.

Olvida el miedo y la ira que te anidan, olvídate del moro explosivo (sin bajar la guardia) y encama tu mirada en Santa Cruz de la Sierra, una ciudad boliviana donde crece un empeño leonés (paramero mansillés) y universal para hacer Hombres Nuevos.

Hace veinticinco años, un agustino paisano, Nicolás Castellanos, renunciaba a la mitra palentina y a sus pompas para hacerse infantería, cura de a pie con otros curas obreros que inciaron en esa ciudad de Bolivia un empeño de redención de la pobreza y la incultura creando escuelas, oficios y asistencia sanitaria, como coincidiendo con aquel maestro tutor de Simón Bolívar que colocaba un lema en sus escuelas: «A quien nada sabe, cualquiera lo engaña; a quien nada tiene, cualquiera lo compra».

Vino Nicolás Castellanos a su León hace unos días y pude charlar con él. Viendo su energía es imposible calcularle sus ochenta años. No para. Recaba apoyos para aquella obra que crece y recauda fondos para sostener el sueño de la dignidad humana (con sólo doscientos euros se paga allí un curso escolar para alguien que, de otro modo, estaría condenado a carne de galera o mano barata de exportación).

Allí levantan una barricada contra la fatalidad subdesarrollada con cien escuelas ya en pie, quince templos nuevos, un hospital, centros contra la desnutrición... la solidaridad camina, la pobreza se mancomuna y el progreso se reparte. La Teología de la Liberación late en sus ánimos haciendo una Iglesia a ras de tierra alejadísima de los mármoles vaticanos y los escándalos de la curia. Su vigor cristiano viene del Dios de los pobres, doctrina que recoge en un libro suyo que verá prónto la luz, «El Espiritu sopla desde el Sur (las reformas del papa Francisco)».

Pero en su sueño de la dignidad hacen falta manos y fondos, así que pido al lector que se interese entrando en su web (hombresnuevos. org ) y aporte su óbolo en su cuenta del Santander. Lo ruega sin pedigüeñismos un hombre excepcional, Nicolás Castellanos.

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