TRIBUNA
Recordando 50 años de los PP. Jesuitas
U na amiga, profesora de una importante universidad italiana, me decía no hace mucho: «La buena Historia es la suma de los hechos interesantes, olvidados o desconocidos para la mayoría de la población, pero que algún silencioso ratón de archivos y hemerotecas transcribe para recuerdo y memoria de los de ayer, en beneficio de los de hoy». ¡Ilustrativa y novedosa definición! A mí me gusta «ratonear» en archivos y bibliotecas para recordar a los de ayer, ilustrando a los de hoy.
La palabra recordar es de origen latino y su etimología (re-cordare) subraya y acentúa mediante el prefijo «re» el significado del término que le sigue (cor-cordis = corazón). Recordar, en positivo, es traer nuevamente a nuestro corazón a todos aquellos que, antaño, se gastaron y dedicaron sus vidas en favor nuestro y de lo nuestro; y los traemos a nuestra memoria y a nuestro corazón para agradecerles cuanto de bueno hicieron en pro de los que fuimos sus prójimos (próximos)… Cuando el recuerdo es negativo, sería para echarles en cara algún mal proceder. Ésta es, pues, la finalidad de la Historia: «re-cordar», para bien o para mal.
Hoy, yo quiero tener un recuerdo muy positivo hacia los padres Jesuitas, como colectivo personalizado en todos los que pasaron por San Cayetano, haciendo el bien a todos los niños y niñas de la Ciudad Residencial Infantil (CRISC). Hoy, día 26 de noviembre de este año 2015 se cumple el 50 aniversario de su llegada al pabellón San José, en la carretera de Carbajal, monte de San Isidro. En esa fecha (26 de noviembre de 1965), festividad del joven jesuita belga San Juan Berchmans, aterrizaron en San Cayetano casi sorpresivamente, acompañados por el presidente de la Diputación, Antonio del Valle, cuatro jesuitas: P. Enrique von Riedt (director), P. Jesús Hernández, P. Francisco Vela y el Hermano Ángel González; cinco días después, el 1 de diciembre de 1965, llegaría de Salamanca el jovencísimo profeso Pablo de León Llamazares y, seguidamente, estos cinco valientes hijos de San Ignacio iniciaron un camino nada fácil; esta andadura se prolongaría durante 20 años, dedicados a la atención y educación de los niños y jóvenes más necesitados de la provincia de León.
Durante estos intensos 20 años de trabajo y desvelo, hasta 1985, pasaron por la CRISC más de cincuenta jesuitas, entre padres, hermanos y jóvenes profesos. Todos dejaron su impronta y su huella, todos trabajaron con mente y espíritu ignaciano, cuidando y educando a los internos de los tres pabellones del centro residencial, colaborando estrechamente con las Hijas de la Caridad, dedicadas éstas al cuidado de los más pequeñitos y de las niñas y muchachas jóvenes.
El primer director, como dije antes, fue el alemán P. Enrique von Riedt, s.j., que aún vive, a sus 101 años (19.05.1914), en la residencia de padres en la vetusta Salamanca. A él le siguieron otros ocho directores, el último de los cuales, con el que tuve la fortuna de trabajar un curso, fue el Padre José Cobreros Riesco, s.j., zamorano de origen, que falleció a la edad de 92 años en la leprosería alicantina de Fontilles, en cuyo cementerio descansa desde el 13 de febrero de 2007.
Hoy aún quedan entre nosotros algunos de aquellos buenos educadores como el P. Pablo de León Llamazares, hijo del que fuera diputado provincial y Vicepresidente Julián de León Gutiérrez, igualmente el P. Jesús Hernández, el P. Inocencio Martínez, los Hermanos Juan Nieto Limia y Fernando Combarros, éste de La Bañeza, el P. Arturo, el P. Agra entre otros que no recuerdo ya. Nuestro corazón les reserva a todos ellos, a los fallecidos y a los vivos, un rincón privilegiado pues se ganaron en buena lid el afecto sincero y la gratitud de tantos niños y jóvenes a los que atendieron con exquisito tacto y entrega generosa. A los fallecidos, les deseamos que el buen Dios premie su trabajo, y a los aún vivos, que disfruten en su vejez con el recuerdo de tantos antiguos alumnos que, a través de estas sencillas líneas les quieren dar las más expresivas gracias.
Desde aquel feliz día 22 de noviembre de 1571, fecha en la que el Obispo de León, Juan Martínez de San Millán, firmó el acta fundacional del primer colegio de la Compañía en León, situado en la finca hoy ocupada por el Colegio Público Fray Ponce de León y la parroquia de Santa Marina la Real, han transcurrido 444 años. Durante tan dilatado periodo de tiempo, con distinta fortuna y plurales peripecias, los padres Jesuitas han sido fieles y generosos servidores de la población leonesa y, como tales deberíamos recordarlos hoy. Yo espero que hoy el P. Pablo de León nos diga una misa de acción de gracias en la iglesia de santa Marina, primera iglesia de los PP. Jesuitas en León, arrebatada por Carlos III tras expulsarlos inicuamente de España. Nuestra gratitud, por los 20 años que estuvieron al frente del pabellón de niños de la CRISC, se suma a los 444 años de su llegada a la ciudad de León en el mes de noviembre de 1571. El acta de recepción de la fundación lleva el sello y firma autógrafa de San Francisco de Borja, entonces Prepósito General de la Orden jesuítica.
¡Feliz cincuentenario, PP. Jesuitas y muchas gracias por su prolongada y fructífera labor educativa en nuestra provincia!