EN POSITIVO
Los caminos del Bierzo
H ace unos días tuvo lugar en Ponferrada, de la mano del Instituto de Estudios Bercianos, la presentación del libro de Manuel Olano, El Ingeniero Carlos Lemaur en El Bierzo (1764-1778). Aunque la figura de Lemaur merecería, como indicó el autor del libro, un mayor reconocimiento del que tiene entre nosotros, el hecho de que Lemaur fuese el ingeniero que, en la segunda mitad del siglo XVIII concretamente en 1764, llegó al Bierzo para dirigir la apertura de una nueva carretera de enlace entre Galicia y Castilla es una buena razón para reflexionar sobre la importancia de los caminos, de las comunicaciones y su influencia en el desarrollo, en su retraso o en su ausencia, en la periferia peninsular, en este caso en El Bierzo.
Los romanos comunicaron el este con el oeste, en su avance hacia el Finisterre con calzadas que denominaban vías. La Nova unía Asturica Augusta (Astorga) y Bracara Augusta (Braga). Fue un elemento fundamental para la romanización del territorio y, por ende, para el progreso. Esta infraestructura, junto al resto de calzadas secundarias construidas por los romanos, fueron posteriormente utilizadas por los pueblos que atravesaron estas tierras: los suevos, los musulmanes…
En el Medievo, un rey y un obispo difundieron el descubrimiento de la tumba del apóstol Santiago cerca del fin del mundo. Millones de personas han peregrinado desde entonces y todavía hoy lo siguen, lo seguimos haciendo, en busca de un camino no sólo físico sino también espiritual. Esos Caminos a Compostela recorren y vertebran estas tierras, con diferentes entradas, la olvidada del Manzanal o la más transitada de Foncebadón y salidas, la invernal del valle del Sil o la del Valcarce hacia el Cebreiro. Sin duda, El camino fue y es un incuestionable elemento de desarrollo territorial.
Tras el proyecto ejecutado por Lemaur y un siglo XIX muy largo y complejo, el siglo XX ha alternado épocas de catástrofe y barbarie colectiva con tiempos de progreso y desarrollo como nunca se habían conocido. Aquí, las comunicaciones radiales, planeadas políticamente, fueron aumentando su capacidad de circulación y transporte, desdoblándose en autovías y autopistas que, hoy, disfrutamos.
Sin embargo, los tiempos de ejecución de esos proyectos han supuesto una rémora para esta tierra. Es cierto que la orografía no ayuda pero si ya el tramo entre Astorga y Bembibre planificado y ejecutado por Lemaur fue de los últimos en hacerse del Camino Real, los tramos de radiales y autovías actuales también fueron los últimos en completarse lo que ha dificultado, en gran medida, las posibilidades de desarrollo, de crecimiento y de futuro. No es excusa, ni auto-justificación, ni determinismo trasnochado. Pero es incuestionable que el avance de las comunicaciones siempre ha tenido en El Bierzo al pariente pobre, una especie de olvidado, de último de la fila al que han ido llegando romanos, peregrinos, reformistas ilustrados y autovías cuando la película del desarrollo colectivo ya se rodaba en muchos otros lugares.