Publicado por
JAVIER TOMÉ
León

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Aunque suene a cuento navideño de aquellos que tanto gustaban a Capra, nada más desgraciadamente real que la historia de Ella, apodada «la princesa de la cuneta» por su rescatador, y ahora la de Tubo, un cachorro de raza carea salvado de una muerte cierta por un grupo de voluntarios ayudados por Protección Civil, empujados todos ellos por esa gratificante filosofía de «simplemente, hazlo». No quiero ponerme melodramático, pero vivimos un tiempo caracterizado por la mediocridad y la degeneración social, perfectamente reflejadas en el crisol de barbaridades que sufren infinidad de animales. Es el caso de Ella, una perrita que agonizaba en el asfalto ante la mirada indiferente de los conductores, hasta que se cruzó con David Sánchez.

Este joven de 26 años se hizo cargo de la criatura maltratada y atropellada, preparando una campaña de solidaridad que te derrite el alma. Después de ser atendida en la Clínica Centro, donde mi amiga María y su gente lograron estabilizarla gracias a su savoir faire y el servicio de urgencias que mantienen abierto las 24 horas, fue operada en el hospital veterinario de la Universidad. Hay que ayudar a este chico que tiene una anchura de corazón más grande que las arenas del mar, y por ello se han repartido por medio León huchas solidarias en las que se depositan donativos para ayudar a la completa recuperación de la princesa de la cuneta. Cosa parecida ha ocurrido a Tubo, que debe su nombre al colector de Trobajo del Camino donde estuvo varios días, mojado y aterido de frío, hasta que un puñado de héroes cívicos logró que el pobre saliera al exterior y ahora está a buen recaudo en la Asociación Protectora de Animales y Plantas. Dos auténticas tragedias griegas que, afortunadamente, tuvieron un final feliz. Para evitar tanto salvajismo, la moda del 2016 debería ser: ponga un perro en su vida.

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