Publicado por
alfonso garcía
León

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E s sin duda la Navidad y cuanto encierra uno de los ejes catalizadores de la tradición hispana cuya impronta ha dejado como testimonio en el ámbito de expansión de su cultura. Sus múltiples manifestaciones y las riquezas artísticas populares aún siguen sosteniendo no pocos pilares de las geografías de la ternura. Y es que inevitablemente, a pesar de los nuevos tiempos que corren y sus nuevas costumbres, es época de cercanía, de acercamientos y de búsquedas. En esa raíz de la cultura tradicional también hay en León muestras suficientes que hablan de riqueza, de variedad inevitable por la fisonomía diversa que la geografía impone, de singularidad, por supuesto, ya que al conocido aislamiento se añadía el estacional, cercados buena parte de nuestros pueblos por la nieve durante duros y largos inviernos.

Recorrer la geografía navideña leonesa, con un más que notable afán de recuperación, a pesar de la desconexión generacional y del vaciado demoledor de nuestros pueblos, ofrece aún no pocas sorpresas. No tanto como novedades, sino por recuperaciones, con los saltos en el tiempo que estos enlaces han exigido, pérdidas incluidas. Ahí está la fuerza del canto del ramo, incluso como cierta seña de identidad, o el múltiple acercamiento de hermosas pastoradas, convertidas en objeto de nuevas representaciones, de estudio y de publicación. O los recorridos, ya clásicos algunos, por la Ruta de los Belenes, a los que habrán de añadir algunos artesanos, muy curiosos y vitales, en el Bierzo.

Entre la variedad de itinerarios posibles, sitúese hoy, por ejemplo, en Aviados, una población del Valle del Curueño, en un punto de la carretera que une La Robla con La Vecilla y que creció, como tantos otros lugares medievales, alrededor del castillo. Nada tiene de extraño, por tanto, la ermita en honor y agradecimiento a san Pelayo por haber expulsado a los moros de esta tierra. Además de la belleza del paisaje y del entorno, Aviados nos ha legado muestras interesantes del folklore autóctono: una Pasión y, sobre todo, los famosos villancicos, recuperados por Miguel Manzano, lo que ha supuesto volver a poner en escena –antes en un corral, en la iglesia en los últimos tiempos- estos villancicos, que datan del siglo XVII y están llenos de fervor, de vida y originalidad. Con la referencia histórica previa para poder contextuarlos, se dará cuenta de su humanismo e ingenuidad, un verdadero gozo. Eso sí, si no los escucha en vivo, YouTube es una buena ayuda para hacerlo.

También se dan famosos villancicos en Lugán, aunque entre ellos haya notables diferencias de texto y música. Villancicos “autóctonos” están igualmente enraizados en otras poblaciones, como Villalobar, Benllera, Bembibre, Velilla de la Reina, Ardoncino… Toda una muestra, en fin, para disfrutar de la música celestial más cercana a nuestras gentes. Es otra opción de variedad, riqueza y conocimiento.

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