LA VELETA
La coalición
L os sondeos, sondeos son, y además los hay para todos los gustos. Sin embargo, en algo coinciden todos los publicados en el ecuador de la campaña electoral del 20-D: el próximo Gobierno español tendrá detrás una coalición (o un pacto de investidura, o como se quiera llamarlo) o no será.
De los sondeos, y en esto también coinciden, se desprende una perturbadora conclusión aritmética: a efectos de sumar los 176 escaños necesarios, y dejando al margen los matices más o menos irreconciliables existentes entre las distintas candidaturas, surgen tres opciones con posibilidades de sostener un gobierno. La cifra mágica resultaría de sumar los escaños del PP y los de Ciudadanos, los del PP más el PSOE o los de este y Ciudadanos con los de Podemos.
Tres posibles coaliciones, tres escenarios diferentes para la gobernación de un país que en los últimos cuatro años ha vivido sometido al dictado, viernes a viernes, de un decreto-ley que el lunes convalidaba el Congreso a la sola medida y al solo gusto de una única fuerza política, investida del poder de hacer y deshacer sin tener que contar con nadie. No cabe duda de que esto va a alterar dramáticamente el paisaje político español.
Parece que la coalición o el pacto con el que casi todo el mundo cuenta, ese que dicen que es el sueño del Ibex 35 y que ya ha validado la City, sería el primero, entre el PP y Ciudadanos. Nada que objetarle, si el pacto se alcanza, y aunque se incida una y otra vez en ello, no es lo más relevante si el Gobierno que resulte lo encabeza Rajoy o su vicepresidenta.
Juntos y solidariamente han gobernado estos años; no hay que exagerar la novedad o la diferencia que supondría esa sustitución.
Menos probable, pero igualmente legítima, sería una gran coalición a la alemana entre el PP y el PSOE. Podría resultar frustrante para las ansias de fin del bipartidismo de muchos españoles, tal vez le costara muy cara al PSOE, pero si los números le salieran, y de eso parece que hay pocas dudas, bien podría formarse y nadie podría discutirle que gobernara el país.
Ardua seguramente, pero no imposible, porque imposible no es español y menos en política, sería un tripartito formado por PSOE, Ciudadanos y Podemos. Los voceros gubernamentales se han cansado de desacreditar ese ‘pacto de perdedores’, pero hay que hacerles ver que cuando esos perdedores suman cerca del 60% de los votos, y aciertan a acordar un programa, lo antidemocrático sería oponerse a que lo llevaran a efecto, con un apoyo que representaría menos de la mitad de esa cifra de votos.
Dicho lo anterior, no estaría de más que los candidatos, en aras de la transparencia, aclararan eso que ya deben de saber: con quién están o no dispuestos a pactar. Pero parece que de eso, por razones tácticas, nos quedaremos con las ganas.