LA GAVETA
La Cabrera del oro
H ace años la noticia parecería un relato fantástico, pero ahora sabemos que es cierta. La de un láser que descubre que hace dos mil años hubo un campamento romano en una ladera cabreiresa, frente al pueblo de Manzaneda. En esa noticia se juntan el pasado y el presente, la ruina y la tecnología, lo secreto y lo cotidiano.
La humilde Cabrera de hace medio siglo, la que recorrió Ramón Carnicer para escribir el más hermoso libro leonés del siglo XX, es el territorio más literario de la provincia. Aupada a ese mérito también desde otro libro, diferente y oceánico, que escribió Ramiro Pinilla basándose en la memoria de su protagonista, Antonio el Ruso, cabreirés de La Baña, que tuvo una vida atroz en su pueblo y en sus campos.
La Cabrera igualmente es literaria por su etnografía, y sobre todo porque fue el territorio más industrial de Roma en Iberia. Sus minas de oro tuvieron en la Cabrera el corazón de su técnica prodigiosa. Su áspera superficie está recorrida por canales muy largos, calculados al milímetro, que batían el agua contra el monte rojo de Las Médulas.
Hubo un mundo esforzado y cruel en esas montañas, donde miles de esclavos esculpieron esos conductos. Un tiempo regido por la ambición dorada de los emperadores. Todo valía con tal de aportar el codiciado mineral a los palacios de Roma. Y nada valía la vida de los obreros, ni sus penalidades, ni el frío, ni el hambre ni la muerte. Era el tiempo antiguo, no había derechos. Solo destinos infelices. Bajo la pericia técnica de aquellos ingenieros antiguos, que dejaron en la Cabrera su huella extraordinaria.
León es muy romano, la provincia entera. En las últimas décadas se ha logrado mejorar esa mirada hacia el pasado. En León capital, en Astorga y en otros lugares se han descubierto ruinas, se han despejado secretos históricos, se ofrecen ahora al vecino o al visitante nuevas verdades que nos sorprenden. Y que también nos estimulan para conocer mejor esta tierra, para conocernos mejor en esa búsqueda. León ha logrado colocarse muy dignamente en su ribera jacobea. Es conocida en toda España por esa ruta que tiene en nuestra provincia su tramo más largo. Y el más bravo allende Rabanal. Ahora nos toca lograr que el resto de los españoles y de otras patrias, sepan más de la condición romana de este país del noroeste. No solo de la Legio Septima militar, ni del viejo poderío administrativo de Asturica Augusta, sino también de su fachada occidental y minera.
El oro de los romanos sabrá dialogar con la austeridad de los peregrinos. Y el recuerdo de los esclavos, de aquellos hombres ignotos, que pasaron por la vida de tan injustísimo modo, debería tener su monumento, su honra. Prueba de nuestro misterioso cariño hacia aquellos héroes anónimos. Que miraban el mismo paisaje que nosotros contemplamos ahora con admiración y melancolía.