León

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E n pleno apogeo de la era del cuñado, afluente directo del chendismo que emergió de aquel ganaron la Copa unos que no quieren ser españoles , tan pueril que renueva su vigencia cada vez que un televisor convierte el salón de casa en el chiringuito, León se sube a lomos del yerno, que en toda sociedad machista se venera y eleva a los altares como injerto del sarmiento de las cepas viejas. León se mueve al ritmo de los dos yernos más célebres que han pasado por el registro civil desde que el marqués de Villaverde dio profundidad a la estirpe del caudillo. Otro dúo, como Fernández y Chamorro al amparo del paraguas del Alsa en Botines. Un leonés que no sepa que su futuro depende de lo que ventilan dos yernos de copas, dos yernos de comilona, dos yernos al olor de las sardinas de las subvenciones, dos yernos que resuelven la pregunta secular del qué hay de lo mío, dos yernos que arreglan concursos públicos, o es leonés errante o es leonés que no está al cabo de la calle. De la calle Cervantes, por decir, o la Paloma (que es una declaración de intenciones por todas las acepciones del vicio que confluyen en ese paraje), donde los yernos caminan como la yunta, al paso, uncidos por la obligación con el apellido consorte, que acaba por crear más vínculos que el yugo. De política, la familia, concluyeron fanfarrones a los postres, según nos soplaron los camareros que recogieron del mantel las migas del pan que amasan para el poder. Los yernos no pierden elecciones, a excepción hecha del revolcón, parcial en 2007, colosal en 2011, que le permitió a Isabel Carrasco, que ganó, alejarlos del sagrario con la misma autoridad de Cristo al espantar a los mercaderes de la casa celestial; en el último año y medio se han aplicado para regresar a aquella posición de privilegio que tenían en la peana pública. Hoy se apresuran a contratar decorador para el palacete de Padre Isla mientras afinan el reparto de dorsales de la próxima corporación municipal. No cabe el desaliento en sus pronósticos; si algo no cuadra, doctrina. No les faltan modelos; ahí queda humeante el ejemplo del santo dios, santo mortal, que también fue yerno, y que empleó una cuaresma hasta que acertó a convencer a los leoneses para que votaran al candidato que él ponía. Los yernos estaban condenados a encontrarse. Como con el burro y la alforja, parece que están de sobra las preguntas a poco que se tengan nociones de los suegros.

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