Diario de León
Publicado por
NUBES Y CLAROS MARÍA J. MUÑIZ
León

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No hay sólo un responsable. Pero eso no exime de la parte de culpa que corresponde a cada implicado. Ha sido tanto el agravio sufrido en los últimos años que el daño parece haberse ido diluyendo, pero no por esperadas las noticias dejan de ser dolorosas. La Hullera Vasco Leonesa se ha rendido al desmán premeditado e inflexiblemente ejecutado. Con ella se va la historia de más de un siglo en la montaña leonesa. No un capítulo económico. Se desvanece la crónica de una vida y de una forma de vida, y la esperanza de mantener el pálpito donde nada más ha conseguido echar raíces. La provincia aprieta los dientes, una vez más, ante el oprobio del carbón, que siente como propio tan dentro como las vetas que dormirán para siempre bajo los pueblos abandonados ya sin remedio.

Tal vez en los últimos años haya habido errores, pero hubieran sido una anécdota, o un tropezón contable, si no se hubiera perpetrado la asfixia premeditada e indolente desde las más altas instancias gubernamentales. La desgracia del carbón empezó hace años y se certificó con el anterior Gobierno del PSOE. Pero la verdadera pesadilla, el ataque sin tregua, la sordera y la voluntad férrea de acabar con el empresariado minero se ha ejecutado sin contemplaciones en la última legislatura del PP. Sin cortapisas, porque la capacidad de presión a favor del carbón, si alguna vez hubo voluntad de plantarla realmente donde se necesitaba, ha sido o insuficiente o ignorada. Y eso debería dar también mucho que pensar.

Culpables de ejecutar a una actividad económica legal y regulada saltándose no sólo la razón sino la ley, desoyendo las sentencias que adelantan una sangría de indemnizaciones a cuenta de las arcas públicas que ya de nada le valdrán al sector, pero atornillarán a los contribuyentes. Culpables de condenar a los pueblos y a sus gentes desde la soberbia y la indolencia, sin miramientos y sin alternativas; aún sabiendo que es más caro destrozar al sector que programar un cierre ordenado. Culpables de altanería y despotismo, de revancha miserable y paleta.

¿Al enemigo ni agua? Sin piedad. Bien, ya lo tienen ahogado. ¿Satisfechos? La herencia que dejan será una enorme piedra al cuello de quienes les sucedan. En lo económico, pero también en lo social y en lo moral, si es que este término cabe en el vocabulario de esta emboscada incalificable. Vergonzantemente culpables.

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