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LA LIEBRE ÁLVARO CABALLERO
León

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E n esta historia no hay buenos, ni siquiera al final. No tiene por qué haberlos. En esta historia no se salva nadie. De esta historia queda un cadáver y tres mujeres en la cárcel por el veredicto de un jurado que resuelve que son culpables. No es una historia con moraleja, ni una película americana, ni una teleserie de ficción en la que los guionistas dan un giro en el último tramo para resolver el caso de la manera más inesperada. Esta historia se cierra con una sentencia de un juez. Es una historia en la que cabe recurso.

La historia está llena de mentirosos desmemoriados, cobardes infames, héroes que no quisieron serlo hasta que se dieron cuenta, policías malos que hacen bien su trabajo, policías buenos que hacen su trabajo mal, inspectores jefe de estupefacientes que perdieron el olfato, yonquis muertos que se metieron un último chute de coartada, amigas en el peor momento, abogados con ínfulas de estrella que agitan el cancán de la falda para crear ruido alrededor, letrados que desaparecen como Houdinni sin desvelar el truco...

Esta historia es ya historia de esta provincia, y se recordará durante décadas con letras de palo y una fina cenefa negra como marco. Es la historia en la que queda retratada una capital provinciana y sus círculos de poder llenos de mediocridad, envidias, enchufismos y estructuras que se perpetúan por generaciones, como una carga genética que alimenta el sistema. Hay contratos de negocios paralelos por la puerta de atrás como los que hacía Triana. Hay oposiciones a la carta para niñas de mamá, como antes fueron para hijos de funcionarios, novias de políticos, hermanos de jerifaltes o mujeres de alcaldes montañeses que ahora deberán intentar salir ‘impúnicos’ de nuevo. Hay un partido genovés con acento siciliano que lejos de reivindicar a quien fue su líder huye de cualquier referencia cercana para que no se reconozca que ellos también formaron parte, que estaban ahí, que todavía están. Hay vecinos que hacen bromas insoportables en los bares sobre los méritos que tiene Montserrat para salir bajo palio. Se cuenta dentro de bares en los que tras la barra cuelga una pizarra con la porra de las penas que tendrán que cumplir las tres implicadas, después de cuatro semanas en las que la ciudad ha tenido un criminalista metido en la piel de cada habitante. Cada uno puede contar una historia. Pero nadie debe olvidar que fue un asesinato. Deberíamos aprender algo de esta historia.

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