Publicado por
flores del mal gonzalo ugidos
León

Creado:

Actualizado:

T arde supo Alberto Fabra que la herencia de Camps estaba podrida. Cinco años después de que, salpicado por la Gürtel, tuviera que salir por pies, los investigadores del caso Taula aseguran que el PP de Camps actuó como una organización criminal: contratos públicos por mordidas. Quince causas judiciales acosan al expresidente, que ya está imputado en el caso Fórmula 1. Pero, con el alma aferrada  al dulce recuerdo del poder, amenaza con volver. El líder carismático Francisco Camps, con la frente marchita y las nieves del tiempo plateando su sien, amenaza con volver porque dice que está harto.

El declamador hiperbólico está muy enfadado, claro. El hombre que susurraba a uno de los capos de la mafia valenciana «amiguito del alma, te quiero un huevo», el que se creyó pontífice de obras tan costosas como inútiles, el que fomentaba el culto a la personalidad y el vasallaje medieval, pregona ahora que es una víctima de la envidia y que sigue siendo él: el Gran Timonel, un héroe de nuestro tiempo, un hombre para la eternidad. Detrás de esa fingida arrogancia palpita la conciencia de la propia insignificancia.

Todo es mentira, todo es injusto, dice Camps con una sobreactuación que le envidiaría Jack Nicholson. Ese histrionismo tiene todas las trazas de ser una maniobra de distracción, la expresión histérica de la inocencia como cortina de humo de la indecencia. Yo no creo que Camps sea un chorizo, pero no solo la cleptocracia es corrupción, también lo es un proyecto político levantado a golpe de egolatría, de caprichos megalómanos y de burla de la ejemplaridad.

En sus ensoñaciones delirantes, este faraón de la Albufera quiso ser Luis I de Baviera, Napoleón III y Albert Speer. También tuvo el capricho de ser doctor y defendió su tesis; pero, aunque la investigación académica se hace para divulgarla, nadie puede consultar la suya porque la blindó. El cartero de Neruda sostenía que los versos no son de quien los escribe sino de quien los necesita. No es obligatorio estar de acuerdo, pero lo que no admite vuelta de hoja es que las tesis doctorales o son públicas o son un contradiós. No se esconde una tesis como se esconde la recortada tras el crimen, a menos que sea un plagio, claro. O un disparate. Lo fue su trayectoria.

Cargando contenidos...

En su disparatada rueda de prensa Camps amenazó con volver, no tanto para ofrendar nuevas glorias a España, como dice el himno de su tierra, sino para ajustar cuentas con los que dice que lo están linchando. Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando su retorno. Son las mismas que alumbraron con sus pálidos reflejos las vísperas de la ruina. Camps es una metáfora de las calamidades que devastaron un país. Está bien en casa.