Cal y canto
L o peor de nuestro pasado es que tarda mucho en pasar. Como esas visitas indeseables que no tienen la menor idea de cuándo deben irse, cuando les ofrecemos nuestra casa, creen que es para siempre. Habría que educar no sólo a los huéspedes sino a los anfitriones, pero de eso debieron ocuparse nuestros mayores de edad, saber y desgobierno. Si lo hubiesen hecho cuando en realidad debieron hacerlo, la resaca del siglo pasado sería más llevadera y los dolores de cabeza se nos curarían con una copa del mismo auxiliador líquido que ingerimos la víspera, la mancha de mora que con otra verde se quita. El volcánico Pablo Iglesias tendría menos inconvenientes, o mayor conveniencia, en disculparse con Felipe González, que le ha pedido que se sosiegue en su actividad política, sobre todo en el Congreso de los Diputados. Este exaltado líder sería aún más atractivo si moderara sus caudales de odio, pero es un español puro, aunque injerto en bolchevique retrasado. Si no gradúa sus reservas de rencor tardaremos todavía más en encalar la casa común.
Cuando don Gregorio Marañón nos decía, hace ya bastante tiempo, que las guerras civiles duran un siglo, los que éramos jóvenes le oíamos con una mezcla de admiración y de respeto, pero nos parecía que era un tanto pesimista, o sea, que veía las cosas como realmente son. ¿Cuánto nos queda para merecer el olvido? El general de altísima graduación y de no menos encumbrada edad murió el año 75 de la década pasada. Hay jóvenes que lo confunden con Prim y otros con don Pelayo. Si acaso, están pendientes de lo que pueda pasar a la infanta doña Cristina y al Real Madrid, pero sobre todo lo que les preocupa es no poder ganarse la vida cuando la tienen toda por delante y no ganan lo suficiente para vivir. Que haya cambios en las últimas gestiones ante el segundo voto de investidura se la trae floja. Lo que no deja de ser impropio de su edad, que dicen que es la primavera de la vida, aunque sólo lo estén notando los almendros, que según los botánicos y los jefes de los partidos políticos, jamás se han afiliado más que a su tierra.