Marchando otra de comisiones
Un Bierzo que se cae en mil pedazos y el único pegamento que nos ocurre para intentar encolarlo es el de seguir haciendo grupos que sólo conducen a reuniones que no llevan a ninguna parte. Esto es, al lugar que en estos momentos ocupamos: en el medio de la nada. Parece que nos hemos empeñado en convertir en verdad absoluta eso de que la mejor forma para que algo no funcione es crear un comisión. Llámenle comisión, agrupación, grupo, plataforma, mesa de trabajo, hermandad o cofradía, lo cierto es que no hay semana que no nos despertemos con una nueva modalidad para lo mismo: buscar soluciones para lo que parece irresoluble. Las buenas intenciones se acumulan, pero los remedios, como era de esperar, no llegan.
La torrija es de tal calibre, la falta de perspectivas es de tal magnitud, que podemos seguir sumando a la relación encuentros de trabajo hasta el día del juicio final, pero lo que son las perspectivas de empleo, que es lo que se anhela por estas tierras, seguirán sin asomar.
Seguiremos levantando el dedo acusador contras las administraciones, reclamaremos un día la autovía a Orense y mañana la de la Espina, recordaremos con nostalgia las oportunidades perdidas, continuaremos llorando a nuestra minería... y, sobre todo, no cejaremos en nuestro empeño de seguir creando comisiones, plataformas y encuentros con los que seguir alimentando nuestra desesperanza —cada reunión fracasada supone un punto más de pesimismo—, pero nuestra realidad, difícilmente cambiará. Asumámoslo, pues la realidad es que solos ya no podemos.
Hemos desaprovechado los mejores años de nuestra vida como comarca pensando en aderezos sin preocuparnos por la raíz de los problemas. Un mal en forma de penosas comunicaciones, nula diversificación y total abandono, porque el Bierzo se creyó ser la comarca del dólar, de un sector primario que ‘tiznaba a pobre’, lo que dejó en el más absoluto abandono más del 80% de los terrenos productivos de este Bierzo.
Y lo que se estropeó en varias décadas no se puede resolver de un plumazo, por muchas veces que se citen los mismos actores para reeditar mesa y plataforma.