Recuperar el Rañadero
R oland Knoppe es un guiri (él se presenta así) al que no tengo el gusto de conocer y que vive en Ponferrada. Tiene un blog que se titula Opiniones de un guiri y en una de sus entradas, de marzo del año pasado, titulada La Teoría de Keynes aplicada en la calle Rañadero afirmaba, entre otras cosas interesantes: «El Camino de Santiago es una oportunidad para presentar Ponferrada a un público internacional. ¿Cuánto dinero han gastado en el Mundial del Ciclismo con el mismo objetivo? ¿No hubiera sido mejor gastarlo en la restauración de una calle como el Rañadero?».
Hace unos días, las autoridades municipales tomaban la decisión de prohibir, temporalmente, el tránsito por el Rañadero, la emblemática calle ponferradina, hoy convertida en un absoluto deshecho urbano como consecuencia del abandono de gran parte de sus edificaciones que provocan frecuentes incidentes con caídas de pizarras y cascotes con el peligro que ello supone para los peatones que utilizamos habitualmente la entrañable subida que une la parte baja de la ciudad y la Puebla con su parte alta y más antigua, en paralelo al río Sil.
Desidia, falta de atención y ruina. La calle fue pavimentada hace algunos años pero ahora presenta un aspecto desolador con acumulación de basura en solares abandonados, proliferación de edificios abandonados que el paso del tiempo descompone, olores desagradables y abundancia de horrorosos graffittis que proyectan una imagen lamentable del conjunto.
El cierre cautelar de la calle debe hacernos reflexionar. Se han anunciado medidas de actuación integral y urgente pero hay que ir más allá. El Rañadero forma parte de la historia de la ciudad y, también, de la vida cotidiana de los ponferradinos, contiene decenas de elementos que la deberían convertir en objeto de imprescindible protección y, además, es paso casi obligado de los peregrinos que nos visitan lo que multiplica, con el estado actual, los efectos negativos en la proyección de nuestra ciudad hacia el exterior. Todo parece resumirse en esta calle como un símbolo de los tiempos que vivimos.
La exigencia de actuación no debe comprender sólo a las autoridades. Los propietarios deberían concienciarse y todos los vecinos de la ciudad implicarnos en la recuperación de una parte de nuestra vida, de nosotros mismos, llevemos mucho o poco tiempo viviendo aquí o seamos o no ponferradinos.
Recuperar el Rañadero debería ser un objetivo prioritario para una ciudad que pretende tener la cultura y el turismo como ejes fundamentales de su futuro, de nuestro futuro. Sin duda, el guiri tiene razón.