Política empantanada y economía menguante
E sto no avanza. Cada partido está en sus líos internos y la energía sobrante se dedica a levantar muros de contención con el resto. La política está empantanada y el caudal de la economía mengua. Se está cumpliendo el peor presagio de Felipe González: «Vamos a una situación a la italiana pero sin italianos». Y precisamente ha sido el ex primer ministro italiano Enrico Letta, el mismo que fue desalojado sin contemplaciones del cargo por Matteo Renzi, el que ha pasado por Barcelona para advertir que unas nuevas elecciones solo pueden empeorar España.
Cuando el periodista de La Vanguardia le pide un consejo para este país, responde rotundo: «Cambien de chip. Ustedes llevan demasiado tiempo en modo «solo manda uno» y tienen que ponerse en modo «coalición» ahora». Y añade que «es muy grave que el PP y el PSOE no tengan abiertas todas las lineas de diálogo recordando que en tiempos de crisis los gobiernos de coalición son los mejores».
Es un problema de educación. Quizás si nuestros políticos hubieran tenido estudios o experiencias en Italia, en vez de Bruselas como Pedro Sánchez, Venezuela como Pablo Iglesias, o en ninguna parte como la mayoría, hoy sería más natural su acercamiento. Pero ni los dirigentes, porque cada uno defiende su proyecto personal por encima de el del país, ni los militantes, que en muchos casos sacralizan esas posiciones partidarias, ni los medios de comunicación, que dramatizan cualquier acercamiento, favorecen en absoluto una salida razonable. En esas condiciones, la perspectiva de acuerdo no se divisa y cada vez que una emisora de radio abre sus micrófonos a la calle atruena la exigencia de que «se entiendan». Se oye en bares, salas de espera de médicos, taxis, notarias y recesos en las empresas. Lo nuevo en estos últimos días es que, ante la política empantanada, crece la petición de que algunos se vayan para dejar el paso a otros. Pero nadie se da por aludido. A ver quien le dice a Rajoy, Sánchez o Iglesias que quizás ellos son el obstáculo.
Lo normal es pensar en dirigentes más jóvenes como relevo, pero muchos de ellos, en la segunda fila, son los más agresivos con otros dirigentes. En el PP, por ejemplo, Andrea Levy y Javier Maroto son francotiradores obsesionados con Albert Rivera. En cualquier entrevista, aunque se les pregunte por el tiempo, lo acaba pagando el líder de Ciudadanos, así llueva como haga sol. En el PSOE, el látigo lo lleva, con gusto aparente, César Luena que reparte al PP y a Podemos. Y en Podemos parece que la procesión en estos días va por dentro y hay incendios con los socios autonómicos o en su propia casa, como en Madrid, Pais Vasco y Galicia. La sobre actuación de Pablo Iglesias en el Congreso ha tenido, al menos, costes de imagen, aunque sobre todo en quienes presumiblemente no lo votan. Internamente quizás azuce la tensión con Iñigo Errejón, cuya cara fue un poema cuando escuchó lo de la cal viva en sede parlamentaria. Fuera de Podemos, un alto directivo de una empresa del Ibex 35 comentaba en privado esta semana: «Era mucho más serio el Partido Comunista de siempre con Carrillo que ayudó a construir en la Transición y hasta con Anguita, que no se dedicó a ridiculizar las instituciones como ahora». Claro que el Ibex y la mayoría de empresarios y directivos no votan Podemos, pero hoy, incluso aunque pueda subir en votos, se le teme menos que hace un mes porque se ha visto de cerca a su líder en el cara a cara real y no al abrigo de platós amigos y periodistas que lo escoltan con su entusiasmo, o al menos con su silencio. Crece la impresión de que Iglesias es menos sólido de lo que se creía y, por lo visto hasta ahora, está mejor dotado para la escena teatral que para la política parlamentaria.
Mientras, el caudal económico va disminuyendo. Luis de Guindos admite que ya se ven algunas décimas de retroceso pero en la economía real se aprecian síntomas de parón en el empleo y sobre todo en la inversión. La perspectiva de medio año más de gobierno en funciones estremece. Solo una sorpresa inesperada, y no descartable, puede romper esa previsión. De ahí que los rumores contengan nombres propios de eventuales candidatos a presidir un gobierno de gestión que hoy están en la empresa o en las aulas.