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Cristina Bedmar Solla Presidenta del Club Baharí de Cetrería y Aves de Presa
León

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S on muchos los medios de comunicación españoles que se han hecho eco estos últimos días de una noticia difundida por la Agencia Efe/verde, entre ellos el Diario de León (29-2-2016), en la que se informa de la existencia de una red criminal de criadores de halcones que venden aves nacidas en España en países árabes a precios astronómicos, entre 40.000 y 200.000 euros por ejemplar. Desde el Club Baharí de Cetrería y Aves de Presa con sede en León mostramos nuestra total indignación por la falsedad, inexactitudes y falta de rigor informativo de tales afirmaciones que ponen en jaque a todo el colectivo cetrero, criadores en especial. Por eso nos gustaría hacer las siguientes consideraciones.

Habría que aclarar en primer lugar que estas transacciones con los países árabes están permitidas, son legales, siempre que se cumpla con todos los requisitos exigidos en la normativa al respecto.

El interés por los halcones salvajes españoles desde los países árabes es nulo, pues son ejemplares que no se adaptan a la caza que se practica en las zonas desérticas.

Respecto a los precios que se barajan nos parecen, más que exagerados, aberrantes, pues los precios reales de la venta de halcones peregrinos criados en cautividad rondan entre los 400 y los 1.000 euros por ejemplar.

En la misma noticia se asegura que los ejemplares más cotizados son los híbridos entre halcón Peregrino y un Harris, otro grave error de bulto al hablar de un cruce entre halcón y águila, que es como hablar de un cruce entre un perro y un gato, prueba de la falta de rigor de la citada información. Es algo imposible, no existe en la naturaleza.

Todo este despropósito parece tener origen en la noticia reciente en la que se informaba que el Seprona de la Guardia Civil investiga la venta de halcones a países árabes en distintos puntos de España, con una posible ocultación fiscal de pago de impuestos (siempre hablamos de presuntos), que podía convertirse en ilegalidad a pesar de que estas aves posean el correspondiente documento Cites (Convenio Internacional de Especies Amenazadas) con sus anillas inviolables. Pero lo que consideramos más grave aún es que se apunte la sospecha de que muchas de estas aves podían provenir de nidos naturales del campo. Otra afirmación que no tiene base real ni estadística. Y si hubiese algún caso concreto de infracciones de las leyes medioambientales o fiscales españolas, debieran ser tratadas, estudiadas y denunciadas puntualmente.

Este tipo de noticias no sólo echa por tierra toda la labor de concienciación medioambiental en la que los cetreros, al menos el 99%, venimos trabajando durante muchos años, sino que la imagen del cetrero queda muy en entredicho al aparecer como un criminal que roba halcones de los nidos y se lo venden a los jeques árabes por cantidades poco menos que millonarias. Y de paso se está animando a que algún energúmeno se decida a robar halcones a cetreros para hacer un ‘negocio’ que a todas luces se presenta como muy ventajoso.

Hay que recordar que todas las aves que manejamos en cetrería han nacido en centros de cría en cautividad, actividad económica y comercial legalizada y controlada en nuestro país, que genera riqueza y empleo, donde nacen y se crían ejemplares de aves totalmente controlados, cuyas instalaciones pasan revista periódica, hasta el punto de que en Castilla y León los criadores tienen que pagar las pruebas de ADN que certifican que estos halcones son domésticos. Por lo tanto, todas nuestras aves, tanto las utilizadas para la caza, para el simple entrenamiento de animales de compañía como para espectáculos de exhibición, están perfectamente fiscalizadas y controladas por las autoridades competentes en la materia.

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El Club Baharí, con sede en León, es uno de los más reconocidos y con mayor número de socios en España, además de organizar en La Virgen del Camino desde hace 22 años las Jornadas Internacionales de Cetrería del Norte de España considerado un certamen cetrero de los más prestigiosos e importantes de Europa. Desde esa posición somos los primeros interesados en que se investigue y se castigue a quienes hayan infringido la ley, pero que no se estigmatice a un colectivo diverso de personas, criadores y cetreros, digno de practicar una actividad legítima y sujeto a derecho: la cetrería.