TRIBUNA

Riaño: ¡que nos dejen brillar con luz propia!

Publicado por
Carlos Cuenya González vecino de la montaña de riaño
León

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H asta 1987 la Montaña de Riaño había sufrido todas las emigraciones clásicas de las zonas rurales españolas. Pero con el cierre del pantano mucha gente se fue de la comarca para no volver jamás. Del 88 al 91 vivimos un engañoso momento de ‘esplendor’ con el movimiento que generó la construcción del Nuevo Riaño. Del 92 al 95 se gesta la creación de los dos parques que tiene la comarca: el nacional y el regional, ambos con el mismo apellido: «De los Picos de Europa». Del 95 al 2000 la zona vive otra engañosa etapa de «prosperidad» a cuenta del torrente de dinero europeo que la Junta canalizó a través del Parque Regional y que se fue principalmente en obras forestales de dudosísima utilidad, mientras el tejido social de la zona se deterioraba más y más.

En 2000 el dinero europeo se empieza a ir para no volver; llega la brucelosis, se liquida la mitad de nuestra cabaña ganadera y otra depresión colectiva se adueña de la comarca. En 2001 empieza la historia interminable (San Glorio) y los 15 años posteriores se van por el retrete. En 2016, con el «sueño» de la macroestación de esquí derrumbado por una realidad que nadie quería ver, hemos llegado a un tiempo límite. Lo que nos queda es un poco de ganadería; algunos servicios (siempre en peligro de cierre); alguna industria de transformación y un turismo (que debiera conectar todo eso) que no acaba de llegar, mejor dicho, de volver, porque esta comarca tenía turismo rural antes de que la palabra se inventase, pero el pantano maldito se lo llevó todo.

El Parque Regional se creó en 1994 con la única intención de dinamitar la ampliación del Parque Nacional, no para hacer de colchón de nadie como dice el editorial del Diario de León (26/01/2016). La tarea ha sido inútil y el Parque Nacional ha ido despegando lentamente, con León siempre a la cola. Respecto al Parque Regional, la Junta ha ido perdiendo gradualmente interés por él y en la actualidad ni está ni se le espera.

La situación en los últimos años es desesperante: las únicas ayudas que se recibían, la limosna de las ZIS, volaron con la crisis; las Juntas Rectoras (supuesto órgano de gestión del Parque) ni se celebran; la normativa concreta está, tras 21 años, sin redactar, con lo que todos seguimos sin saber a ciencia cierta lo que se puede hacer y lo que no.

Ante este panorama dos ayuntamientos (Acebedo y Maraña) amenazan con salirse del Parque Regional y con ellos oímos por primera vez en 21 años (con la honrosa salvedad de Mariano Rojo) una queja contra la gestión del parque que venga de los ayuntamientos. Entre el pueblo, sin embargo, un puñadín de gente lleva esos mismos años luchando para que la Junta ponga de una vez el Parque Regional a funcionar. Eso implica tener un plan (que nunca ha existido) y ayudas para llevarlo a cabo; pero implica también cambiar el nombre del parque por uno que no sea falso, con el fin de terminar con la confusión total en que la coincidencia de nombre de los dos parques (Regional y Nacional) tiene sumida a la gente de la comarca, a la prensa y a la propia Administración. Las respuestas que hemos visto estos días en el periódico, a remolque de la amenaza de los alcaldes díscolos, demuestran hasta qué punto esa confusión es cierta.

El día 26 de enero el Diario de León publica un editorial sobre el problema y al día siguiente una entrevista con el Director General de Medio Natural de la Junta, José Ángel Arranz, que no tiene desperdicio.   O vive en un mundo virtual y paralelo o simplemente pretende tomarnos el pelo. «Las ayudas no volverán», dice Arranz. «Lo que deben hacer los pueblos es apostar por el modelo de desarrollo», «Hablaremos con los alcaldes e intentaremos que vuelvan a creer en el proyecto». ¿Qué modelo? ¿Qué proyecto? Porque nadie jamás nos ha explicado cuál es ese modelo ni ese proyecto.

¡Si nadie sabe a ciencia cierta cuál es la normativa exacta del Parque ni qué se puede hacer ni qué no! ¿Qué vuelvan a creer? ¿En qué? Pero si la inmensa mayoría de los habitantes de la Montaña Oriental, tras 21 años de Parque esparciendo confusión, no saben si están en el Parque Regional, en el Nacional, en ninguno de los dos o en los dos al mismo tiempo.

¿Y en la Administración? ¿Cuánta gente conoce el señor Arranz en puestos clave de la Consejería de Medio Ambiente y de sus servicios territoriales que crean en el modelo de desarrollo que emana de la Ley de Espacios Naturales? ¡Si salvo honrosísimas excepciones todo son ingenieros de la vieja guardia que cuando miran al monte no ven más que tablones y cuernos!

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No hay ahora mismo tema más importante para la Montaña Oriental Leonesa (entendida en su sentido más amplio, desde las vías de la Feve hasta Caín y desde el puerto de San Isidro hasta el Espigüete) que lo que seamos capaces de hacer con el Parque Regional de los mal llamados Picos de Europa. Urge cambiar el nombre del parque; nombrar un director con iniciativa, compromiso y criterio propio; aprobar de una vez el PRUG con una normativa concreta y consensuada con la población local y recuperar inmediatamente las ayudas ZIS. La comarca perdió 30 años con el pantano de Riaño, otros 15 con San Glorio; no podemos perder otros tantos esperando a que el Parque Regional comience a funcionar.