Publicado por
FUEGO AMIGO ERNESTO ESCAPA
León

Creado:

Actualizado:

L a primavera se anuncia en El Bierzo y uno de los lugares donde ese anticipo se expresa con mayor esplendor es sin duda Corullón, que tiene una lanzadera hacia Toral donde se asienta el convento de Cabeza de Alba, que ahora cobija a Domi Montero con su rebaño de ovejas. El convento franciscano de Cabeza de Alba colonizó un valle empinado y estrecho que se abre entre el Burbia y el Selmo. El acceso más cómodo es desde Toral de los Vados, tomando el rumbo de las canteras de Cosmos, una empresa veterana presente en las novelas de Ramón Carnicer. Hay que cruzar el túnel que salva la carretera de Orense y conduce también al polígono industrial. Para tomar el camino del convento, se sigue la carretera que continúa recta, cruza el Burbia por un puente y remonta por un camino carretal la ladera de los castaños.

Hace algo más de tres décadas, a finales de los setenta, compró las ruinas del convento con su terreno Antonio Montero Ares, un emigrante de Corullón en Cataluña, que al cabo del tiempo fue consiguiendo adecentar el espacio, consolidar los edificios y poner el valle en explotación, siempre con criterios de máximo respeto al entorno. Le acompañaron en la faena los hijos, que heredaron del padre la costumbre de hospitalidad y buen trato con el visitante que sigue exhibiendo ahora Domi. El convento se construyó en 1423 y hasta la primera desamortización fue de la orden franciscana. En el conjunto rehabilitado por sus actuales propietarios llaman la atención varios pabellones, la torre, restos del patio y algunos arcos desnudos. En el patio hay una fuente saludable.

Cerca está la Buraca do Frade, una gruta natural donde hacían penitencia los frailes. En este convento pasó tres años recluido, entre 1815 y 1818, el franciscano canario Antonio José Ruiz Padrón (1757-1823), diputado en las Cortes de Cádiz, donde intervino solemnemente para abolir la Inquisición. Viajero por Italia y por la Francia revolucionaria, un naufragio cuando iba a Cuba le dio ocasión de tratar en Filadelfia con Franklin y Whashington. A su regreso, dejó la orden y ejerció de cura raso en Quintanilla de Somoza y de arcipreste en Valdeorras, pero el liberalismo de sus prédicas acabó encabritando a la curia de Astorga. Similar deriva ilustrada trazó el cura de aldea Juan Antonio Posse (1766-1854), cuyas memorias incompletas rescató del olvido hace un siglo Gumersindo de Azcárate y editó en 1984 el hispanista americano Richard Herr. El salvamento traspapeló sus últimos quince años. Había estudiado con un tío cura en el Valle del Hambre y murió en San Andrés del Rabanedo, después de ordenarse en León y ejercer como párroco de pezuña en Llánaves, donde conoció el colectivismo agrario del Valle de la Reina, y en Lodares.

Cargando contenidos...