Falsas expectativas
R íos de tinta sobre la próxima cita de los líderes de Podemos y PSOE. Hablar por hablar. Creo que son infundadas las esperanzas de que la reunión de Pedro Sánchez y Pablo Manuel Iglesias, prevista para hoy alumbre un camino hacia la gobernabilidad. La política y la aritmética lo bloquean por la banda izquierda del espectro parlamentario. No hay margen para formar un gobierno «a la valenciana», como suele decir Iglesias. Ni a la «portuguesa», como soñaba Sánchez.
Todo esto ha perdido fuelle desde que Sánchez eligió a Rivera (Ciudadanos) como socio preferente. Desde el centro, por el cambio, el mismo lenguaje generacional y un enemigo común (el PP). Pero lo hizo sólo después de descubrir la verdadera cara de Podemos y toparse con las barreras de Iglesias en el intento de forjar un cierto alineamiento PSOE-Podemos.
Entonces Sánchez empezó a emitir señales de desistimiento. La más significativa fue el nombramiento de un equipo negociador (Jordi Sevilla, José E. Serrano, Rodolfo Ares) incompatible con las tesis de Podemos. Y un discurso persistente en el aviso de que no sería presidente a cualquier precio, mientras asumía los topes del Comité Federal (nada de tratos con fuerzas disgregadoras) y censuraba el veto de Podemos a Ciudadanos.
Nada de eso ha cambiado por el hecho de que Sánchez acepte la entrevista con Iglesias. Tendrían que juntarse los dos vectores capaces de vencer a la matemática y a la política. Uno, que en un Podemos ahora en crisis y desestructurado se impusiera el criterio unánime de que mejor Sánchez que Rajoy en Moncloa.
Decir que Podemos controla a sus franquicias regionales es mucho decir. Y dos, que en entre las fuerzas separatistas de catalanes y vascos se impusiera asimismo el criterio unánime de que mejor Gobierno del PSOE (más sensible al discurso nacionalista) que continuismo del PP.
Esa doble unanimidad en Podemos y en el nacionalismo no se consigue a golpe de corneta. Y si se consiguiera, el Comité Federal del PSOE nunca pagaría el precio.
Pero hay muchas más razones. La principal es saber que Podemos quiere liquidar al PSOE y quedarse con su espacio. Además, aunque comparten objetivos sociales, ambos están muy alejados en cuanto al grado de compromiso con el orden constitucional vigente.
Una alianza, en fin, matemáticamente inestable y políticamente tóxica. Al menos si nos atentemos a estas palabras de Sánchez rescatadas de la hemeroteca: «Iglesias ha convertido la mentira en su forma de hacer política», «pactar con el populismo es como pactar con la Venezuela de Chavez, cuya consecuencia es la pobreza y las cartillas de racionamiento», o «con el populismo no vamos a pactar ahora ni después ni nunca».