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LA VELETA ANTONIO PAPELL
León

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P robablemente la mejor explicación de lo sucedido ayer en el encuentro entre el líder socialista, Pedro Sánchez, y el de Podemos, Pablo Iglesias se resuma en esta expresiva frase del primero, pronunciada después de la entrevista: «hoy estamos más cerca de un gobierno del cambio y más lejos de repetir elecciones». De eso no hay duda. Ante la evidente dificultad del PSOE de aceptar a Iglesias en un gobierno presidido por Sánchez —este no ocultó a aquel el rechazo que su figura suscita en el PSOE después de sus desconsideraciones durante el proceso de investidura—, el secretario general de Podemos manifestó su disposición a quedar fuera del hipotético ejecutivo. En resumidas cuentas, Pablo Iglesias ha retirado su precondición de ser vicepresidente y de que Podemos ocupe una serie de ministerios en un gobierno de coalición -él se postuló y él se ha excluido, ha dicho lacónicamente Sánchez-; ha levantado el veto a Ciudadanos, dejando claro incluso que sería bienvenida una colaboración suya a la estabilidad (la abstención); y ha eliminado la precondición del referéndum de autodeterminación en Cataluña. El cambio ha sido muy notorio, y sería absurdo no ver en él un claro avance hacia una fórmula, todavía indeterminada, de colaboración que dé lugar a un gobierno presidido por Sánchez. Queda sin embargo bastante trayecto por recorrer. Pedro Sánchez, de momento, ha respondido a la propuesta de un gobierno basado en 161 diputados (la suma de los escaños de Podemos y sus confluencias, PSOE e IU), que por fuerza necesitaría de otros apoyos, el gobierno de los 199 diputados, que es la suma de PSOE, Podemos y Ciudadanos. Obviamente, no se trataría de un tripartito sino de jun bipartito con el apoyo activo o pasivo de la tercera fuerza. Sin descartar alguna fórmula imaginativa en que pudiera hacer incluso ministros de las tres formaciones. Con estos mimbres, que ahora hay que depurar, perfilar, decantar y ordenar, será difícil que no se consiga una fórmula de gobierno de cambio que emprenda la rectificación del rumbo que ha votado la ciudadanía, aborde la modernización del país y permita al PP emprender su inaplazable catarsis para que pueda también participar también en las grandes reformas pendientes, la constitucional entre ellas, que deben abordarse en el inmediato futuro.

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