Calibre Abellán
C reo sinceramente que escribir es una suerte de declaración de principios ante las cosas del mundo. Y al oficio de periodista, el más bello del mundo a decir de Gabriel García Márquez, se dedicada desde hace décadas Paco Pérez Abellán, el criminólogo más importante y mediático de nuestro país. Maestro en el viejo menester de ver y contar, inició su trayectoria profesional en el periódico Pueblo y, después de pasar por distintos medios escritos y visuales, dirige en la actualidad el departamento de Criminología de la Universidad Camilo José Cela, en Madrid. A lo largo de su carrera ha superado mil test de credibilidad, gracias a un reporterismo de dato afilado, puro calibre 45, reflejado en un largo listado de libros como el que nos ocupa: Los crímenes más famosos de la Historia. Notario de lo bueno y en este caso de lo malo, la publicación editada por Planeta es una especie de crónica negra universal, salpimentada por una serie de historias trágicas de rencor, odio y venganza, protagonizadas por seres capaces de las mayores vilezas.
Acreditando como siempre muchísimo oficio y un excelente ojo, Abellán da forma a un listado de relatos que chorrean adrenalina al adentrarse en las alcantarillas del alma humana. Tirando de su copioso fondo de armario criminal, por las páginas de tan excelente y vistoso libro desfilan discípulos del diablo como Garavito, el asesino en serie de menores; Armin Meiwes, el caníbal de Rotemburgo; o el rubio Breivik, cuya mente es una marmita en ebullición. Si nos ponemos en plan patriota, la pervertida naturaleza del crimen de Don Benito se presenta adornada por un tremendismo primario, al igual que las sádicas correrías de Encarnación Jiménez, la gitana que asesinaba ancianas, o el terrible Sacamantecas, una bestia de lujuria. Paco Abellán también reserva un hueco para nuestras monstruitas particulares, Montserrat, Triana y Raquel, impulsadas en comandita por la lógica infernal de un odio tan avasallador como destructivo. Todos ellos encarnan, en su podrido conjunto, el mal absoluto, sin aditivos y en estado puro.