Garrafón electoral
E ste jueves coincidirán en el tiempo y en el espacio dos acontecimientos universitarios de singular relieve: la espicha de la Facultad de Económicas y las elecciones a rector. Por ambas causas el campus amanecerá como al día siguiente de la batalla de las Termópilas, todo vidrios rotos y restos humanos.
Porque tienen bastante menos delito las hordas estudiantiles liándola parda en tardes de expansión alcohólica que ese pataleo desesperado al que llaman ‘segunda vuelta’. Al fin y al cabo, los que vienen detrás suelen copiar, amplificar y exacerbar los comportamientos de quienes los precedieron, y en este caso los veteranos del Vietnam que ocupan las alas nobles del edificio son ejemplo pistonudo para la juventud entusiasta: una tropa apoltronada que ha peleado el despacho con la misma saña que aquellos que consiguieron un lugar en los botes salvavidas del Titanic : a remazos contra todos los que se atreviesen a arañar la madera.
Grupos, bandos, facciones, quién va, ¿indios o vaqueros? ¿eres de los nuestros o de los otros? ¿vienes a dejar el estaribel como está o pretendes sacudir las alfombras y revolver los cajones? Al enemigo ni agua, que para eso es el enemigo.
Este escenario de navajazos por la espalda o de lametones jabonosos, según quién, cómo y cuándo, es el cotidiano espectáculo exhibido ante la estudiantada. Un teatrillo lastimoso en el que la mayor parte de los protagonistas del sainete va a lo suyo y donde son verdaderamente pocos los que bregan en favor del auténtico conocimiento y la investigación apasionada. Aquí, como en tantos otros sitios de España, la universidad es mus, ron Negrita y biblioteca con el ojo puesto en la rubia. Y salvar el expediente del examen o del claustro. Departamentos como compartimentos estancos y toda una institución hermética a las necesidades y exigencias de la población. Que no se rasgue tanto las vestiduras el personal con lo que hacen los pequeños: lo gordo está en lo que preparan los grandes.
Dato ilustrativo: no hay ninguna universidad española entre las 150 mejores del mundo pero escuelas de negocio neoliberales sí: tres entre las 20 primeras. Y el jueves, no sabemos si será fuera o dentro de los venerables muros de Vegazana donde se oiga gritar el viejo himno universitario: «Maricón el que no vote, eh, eh».