TRIBUNA
Ante el centenario de Ángel González Álvarez
E n 2016 se cumplen cien años del nacimiento de Ángel González Álvarez, (11 de agosto de 1916). Si bien, ahora no está con nosotros, si está presente en el universo cultural, por su meritoria y brillante actividad. Aunque se inició como maestro, posteriormente pasó a ejercer como catedrático de Instituto desde donde dio el salto a la Universidad, siendo catedrático de Metafísica de la Universidad Complutense de Madrid.
Como es notorio, la Metafísica es la parte de la filosofía que trata del ser, de sus principios, de sus propiedades y de sus causas primeras. En este terreno en nos dejó su huella como investigador incansable persiguiendo saberes científicos que plasmaba en comportamientos profundamente humanos. Desde esta perspectiva haremos referencia a publicaciones, conferencias y las intervenciones en las Cortes Españolas. Tras los estudios de Filosofía presentó su tesis doctoral sobre El tema de Dios en la Filosofía Existencial. Fue tal su repercusión que pronto fue nombrado, en el curso 1944-45, ayudante del profesor Eulogio Palacios en la Universidad Complutense. En este periodo impartió un seminario de Teología Natural momento en el que surgió su conexión con la Filosofía que no le abandonaría ya nunca. En 1946 obtuvo la Cátedra de Teología de la Universidad de Murcia.
Entre sus recuerdos ocupaba un lugar muy destacado la etapa en la que ejerció como maestro de enseñanza primaria en su pueblo natal Magaz de Cepeda. Recordaba la contrariedad que supuso el tener que dejar su trabajo, lo que hizo con pesar, para prestar el servicio militar obligatorio, momentos en los que ya despuntaba su vacación de enseñante, que ejerció iniciando en la lectura y la escritura a los soldados, ya que desgraciadamente, en aquella época, había una gran cantidad de analfabetos. Tenía una máxima que repetía machaconamente en sus clases: «quien no sabe, ni aprender quiere, burro vive y burro muere».
Su etapa como profesor universitario le puso en contacto con una disciplina en la que se esforzó por conseguir la renovación; obra en la que empleó un gran rigor intelectual. Destacamos su Teología Natural; el Tratado Metafísico de la Primera Causa del Ser; El tema de Dios en la Filosofía existencial; su Introducción a la Metafísica , la Filosofía de la Educación; La Historia de la Filosofía entre otras obras, acompañadas de gran número de artículos, comentarios, estudios y conferencias que pronunciaba por toda la geografía española e hispanoamericana. Por toda esta labor como investigador y profesor, es por mérito propio, uno de los grandes intelectuales del siglo XX.
Como representante del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, obtuvo representación en las Cortes, donde dejó su impronta en numerosas leyes sobre temas docentes: como la Ley General de Educación 1970; la Ley de Pruebas de Aptitud para el acceso a Facultades y Escuelas Técnicas Superiores 1974, entre otras. Precisamente, es en ese momento, cuando defendió las pruebas de aptitud, hizo algunas consideraciones sobre la misión de la enseñanza universitaria: «La universidad, como finalidad esencial, debe centrarse en la orientación del estudio, en el aprendizaje del saber, y en el cultivo de la ciencia como elementos regulados y presididos por la verdad». En estas intervenciones ante el pleno de las Cortes, de las que fui testigo, pude observar sus cualidades como orador, dominando a la perfección la dicción, el gesto y la compostura, todo combinado con una gran erudición.
En su definición de la cultura manifestó que: «Su ejercicio eleva el tono de todos los valores de la existencia y, en consecuencia, es consustancial con la naturaleza intelectual del ser humano». En realidad, don Ángel reunía tantos y tan profundos conocimientos como investigador y profesor, que fue, sin duda, un gran intelectual de nuestro país, sin olvidar su dimensión humana, como amigo y persona de bien. No se trata de un juicio personal, sino de un análisis objetivo con valor ético y verificable ya que la Filosofía y la sociedad, en general están en deuda con él no sólo por su saber sino también por su modo de actuar. Sin duda su etapa más entrañable haya sido ejercer como ‘maestro nacional’ en su pueblo natal, Vega Magaz. En Astorga y en su memoria, el antiguo Instituto de Enseñanza Media llevó el nombre de Ángel González Álvarez (hoy Instituto nacional de Enseñanza Secundaria), además se le distinguió con el título de hijo predilecto de esta ciudad.
Siguiendo el desarrollo de su trayectoria de maestro, profesor de instituto, catedrático de Universidad y posteriormente Rector de la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejero del Reino, fue distinguido con la mención de Leonés del año 1973, en atención a su meritoria labor para conseguir que se establecieran en provincia leonesa un número importante de institutos de enseñanza media y otros centros educativos. Este personaje del que Victoriano Cremer dijo: «Don Ángel es un leonés de todos los años, de toda la vida». Por todos los méritos expuestos, creo que bien merece un recuerdo, en este primer centenario de su nacimiento. En mi caso, lo hago desde el aprecio y la admiración que no ha borrado el tiempo transcurrido