Emocionados y agradecidos
C omo Lina Morgan estamos los españoles ante el espectáculo de unas nuevas elecciones que tienen como objetivo principal que todo cambie para que todo siga igual. Quieren distraernos con el coste de lo que cuesta montar y desmontar las urnas y otras parafernalias del gran espectáculo del voto. No es posible. Nos escuece día a día la desesperación de todos aquellos con los que convivimos y que ya no aguantan más. No aguantan la parálisis a la que nos condena el patético bodevil de una clase política que ha dejado claro en todos los lados de su pobre y egoísta prisma que no está a la altura. No aguantan ni la impotencia de los que no tienen dinero para seguir, ni el miedo de los que lo tienen pero no saben en qué va a derivar todo esto. No aguantan los recortes, los pa’luegos, ni las trabas continuas. No aguantan las amnistías fiscales para el pez grande saciadas con la saña recaudatoria en el escuálido pez chico. No aguantan. Las costuras de la economía a pie de calle, la de las familias y sobre todo la de los pequeños negocios, revientan de incertidumbre después de nadar hasta aquí perdiendo en el camino la bolsa y el patrimonio. Perdiendo la vida.
Que el Banco Central Europeo juege al abracababra para hacer desaparecer en su chistera la quiebra de los bancos y los problemas de las grandes empresas no hace sino ahondar el miedo al futuro, y eso en la economía a pie de calle se traduce en miseria. Más miseria. Menos esperanza. Ya sin repuntes. Ya sin recontrarecesiones. ¡Ya basta!
Mientras la clase política se preocupa como Lina Morgan de la carrera kilométrica de su media (algunos, como la cómica del esperpento, siguen creyendo que ‘se les ha ido un punto’), la gente se desangra. Si no es en la miseria es en la desesperanza. O en ambas cosas, si cabe mayor desamparo. ¿Les parece que esto no está para hacer bromas? A mi tampoco.
Lo que no entiendo es la resignación de este León que languidece en un silencio que revela un estruendo de impotencia. No entiendo que no estalle. Con el Primero de Mayo o con las convocatorias del Obispado, que también insiste en movilizar la manifestación contra la pobreza (no sólo económica). Con quien sea. Con lo que se crea. Pero reacción. No podemos seguir claudicando de rodillas. Y esa es la dolorosa senda de rendimiento que parece haber tomado esta provincia. ¿O no? Pues que se deje ver.