TRIBUNA
Por un Palacio de la Música para León
S e atribuye a Winston Churchill el dicho de que si vivimos en un palacio nos comportamos como príncipes y si habitamos una choza nos comportamos como mendigos, que es otra versión del conocido: dime con quién andas y te diré quién eres. Ello explica la constante pugna y trabajo por residir y trabajar en un edificio cuanto más digno, elegante y completo, mejor. La vinculación de los edificios con el destino a que se dedican ha sido objeto de amplios y variados estudios desde las construcciones de los teatros griegos y romanos para conseguir la mejor audición y el mejor ambiente. Ya decía Schopenhauer que la arquitectura es una música congelada. En la época de construcción de palacios regios, (siglo XIV hasta el siglo XIX), sus salas más apreciadas y hermosas se usaban para agasajar a los nobles con conciertos de música de cámara. Viene esto a cuenta del Conservatorio de Música de León y la idea de la Administración de instalarlo en un edificio anexo al estadio de futbol, en el Ifycel; lo anterior explica de manera meridiana el inconveniente del lugar para albergar el conservatorio.
Vaya por delante que pienso que la propuesta se hizo desde la Administración con la mejor intención, dadas dos inexorables necesidades: buscar otra ubicación al actual Conservatorio de Música y rentabilizar lo existente ya edificado. Pero como decía un monje memorable: lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. Así ocurre en este caso: es loable decidir usar el espacio en los bajos del estadio, pero no es posible hacerlo para albergar la música; fútbol y música son dos temas que, como el agua y el aceite, no se van a mezclar jamás. La preeminencia del primero sobre el segundo traería desviaciones incorregibles. La mezcla de ambos elementos darían un híbrido así como fut-olín, o como fut-ano, dado que la primera palabra sería siempre la del futbol y la segunda violín o piano, etc. En suma, no hay sitio para la orchestra y tampoco lugar adecuado y digno para una summa cavea, en el estadio y anexos.
Además, la música mundialmente siempre ha tenido edificios propios, y citamos algunos muy famosos y conocidos: el Odeón de París, la Scala de Milán, la Ópera de Sidney, los Palacios de la Música de Madrid o Barcelona, los conservatorios de Ginebra, de París, Moscú, Bruselas, Puerto Rico, Escocia, Praga, La Haya, San Petersburgo, Madrid, o la Universidad de Música y Arte Dramático de Viena, el Royal College y la Royal Academy of Music de Londres, el Conservatorio Superior de Música del Liceo de Barcelona, la Escuela Superior de Música y Teatro «Felix Mendelssohn Bartholdy» de Leipzig,el Mozarteum de Salzburgo, el Instituto de Música Curtis en Filadelfia, etc. por citar algunos de los edificios mundialmente famosos y dedicados a la música. Es decir hay un reconocimiento a la imposibilidad de compartir el espacio con otras profesiones, aunque a veces la música sí se encuentra compartiendo edificio con otras artes. Además no ha sido el único nuestro conservatorio el único en tener problemas: en 1961 la sala Olympia de París temia el cierre por problemas económicos; a nosotros nos falta una Édith Piaf, que cante: «Non, je ne regrette rien», con la que salvó de perecer al Olympia.
Es necesario ahora unir nuestras voces, aun sin el efecto del «teclado armónico de su risa fina...» que diría Villaespesa, o bien con un ensordecedor silencio, para pedir a la Administración que sea capaz de dotar a León de un edificio específico y propio para albergar el Conservatorio de música leonés, convirtiéndolo en Palacio de la Música dotandolo de una nueva planta de calidad que lo albergue y que atienda e incluso supere las expectativas de los leoneses. Ya que estamos celebrando el año de Cervantes, recogemos una cita suya para abogar también por ese Palacio de la Música para León, porque, «la música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu».