Mucho más que peste
Ha escrito Willy Toledo sobre Manuela Carmena: «Tú te cagas en nuestros muertos y yo me cago en los tuyos». Al actor no le gustan los nombres designados para la Comisión de la Memoria Histórica. Doña Manuela, al ser preguntada al respecto, ha contestado: «Seguramente no ha querido decir eso». Pero sus palabras, escritas en una red social, dejan lugar a pocas interpretaciones. ¿Quiénes son sus integrantes para que haya desplegado tanta ira soez? Nombres de prestigio incuestionable, entre ellos nuestro paisano Andrés Trapiello, buen conocedor del tema y que siempre se ha manifestado contrario a planteamientos dogmáticos, sobre todo los manifestados desde la ignorancia cerril. Pero es que también está en la misma, entre otros, el gran historiador Álvarez Junco, autor de algunos de los mejores libros sobre los orígenes de España. El actor califica a la comisión de «repugnante e intolerable». Juega con la ventaja de que nunca le pagan con la misma calderilla dialéctica. Menos mal que somos un país civilizado, pese a Toledo. Si tiene nostalgia de la prehistoria que se compre un mamut.
También Anna Gabriel añora una ancestral e idílica edad de oro. La política de la CUP ha declarado a un periodista: «Me satisfaría tener hijos en grupo». Cree que la familia es una estructura demasiado capitalista y que en una «tribu» los hijos crecerían menos conservadores. Lo que ignora es que, según la ley del karma generacional, a ella los chavales le han de salir del PP y de la Adoración Nocturna, pese a los esfuerzos de los compañeros padres y de las compañeras madres. Considera que con ese modelo «son hijos tuyos tanto los que has parido tú como los de los demás». Ya nos lo contará cuando su Jordi Stalin tenga el pavo y pida como regalo de cumple que le suscriban al Abc. Las palabras de Gabriel son sólo una opinión personal, pero de una diputada del Parlamento de Cataluña. A la hora de votar has de saber con quién te juegas la chistorra.
De las dos declaraciones, la peor es la de Toledo. Su diarrea mental no se cura con agua y York, sino pensando primero y hablando después. Quizá sea mucho pedir. Para quitar el mal olor que dejan sus palabras hay que tirar varias veces de la cadena. Y ni aún así.