Una IU masticada
L a masticación a la que Podemos somete a IU se topa con dos tropezones duros de roer, el dirigente de Asturias y antiguo coordinador general, Gaspar Llamazares, y el alcalde de Zamora, Francisco Guarido. Son los más visibles, pero no los únicos que se niegan en redondo a esta liquidación de Izquierda Unida a la que se ha prestado como un pánfilo Alberto Garzón. Llamazares se acoge ahora al centralismo democrático y hace como que acata el acuerdo, pero es evidente que esta lista no es su lista. Se quejan los IU contrarios a la dilución, de que la dirección de Podemos les ha aplicado la ley D’Hont a la hora de incluirles en los puestos de salida. Están aún vivas, sobre todo en Madrid, las heridas que provocó el intento de reventar a IU protagonizado por Tania Sánchez, aquella que dijo unas veinte veces que no se iría a Podemos jamás de los jamases «y punto, y punto», la que luego se llevó a todos los que pudo a la lista de Pablo Manuel.
La liquidación de IU se produce después de las encuestas que penalizaban a Podemos por su gestión tras las elecciones de diciembre. Aquella rueda de prensa en la que Pablo se pidió la vicepresidencia, la justicia, el ejército, la economía. y un tren de chalets en el cielo, mientras le daba un cachete en la mejilla al secretario del partido socialista al que quería, y quiere, fagocitar.
Esa caída electoral, unida a las discrepancias con los grupos con los que acudía coaligado en Cataluña o Valencia, y a la recuperación del voto de IU, ha llevado a los dirigentes de Podemos al asalto terrenal de los cenizos. Los de Llamazares y Cayo Lara ya no se ven como un cenáculo de gruñones, aburridos y amargados, que merecen cocerse en su salsa de banderas rojas, que todo eso y más les ha llamado Pablo. Ahora son abrazables de toda la vida.
Iglesias, que tenía dicho que eso de la izquierda y la derecha era un juego de trileros, que aquí lo que molaba para alcanzar el poder era la dialéctica transversal de los de arriba y los de abajo, se ha puesto la capa de la izquierda histórica y se dispone a perdonar la vida a todo aquel que se atreva a denunciar el cambiazo. Se quejan los de IU reacios a la liquidación por cese, del escaso apoyo de la militancia a la operación, menos del 30% han votado. Esa enorme abstención, sería un aviso del posible resultado electoral. Los socialistas pueden ahora tratar de ocupar el espacio de izquierda templada, del centro-izquierda en el que obtuvieron sus mejores resultados.