Diario de León

TRIBUNA

Sobre el síndrome de alienación parental

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El llamado síndrome de alienación parental o SAP es una teoría en virtud de la cual cuando una niña o un niño rechaza a un progenitor se presume que lo hace porque el otro (alienador) le ha lavado el cerebro y ha alienado al progenitor rechazado. Aunque se dice que «para hablar de este síndrome, debe descartarse por completo la existencia de cualquier forma de maltrato o negligencia en los cuidados del niño, asegurándose de que las críticas no se refieran a conductas o actitudes reprochables por parte del familiar rechazado», la propia estructura de la teoría, convierte en síntoma del supuesto síndrome cualquier argumento o prueba que justifique el rechazo y las críticas al progenitor rechazado (como alegaciones o denuncias de maltrato, abuso o negligencia) valorándolas sistemáticamente como falsedades producto de la manipulación y lavado de cerebro al niño o niña, a quien la teoría del SAP impide escuchar. Se presumen motivadas siempre y en exclusiva por el progenitor alienador. Dicha teoría preconiza la cura mediante la terapia de la amenaza, esto es, obligando al niño o niña a vivir con el progenitor rechazado e impidiéndole, para desprogramarle, el contacto con el otro.

El SAP está siendo utilizado en procesos penales y procedimientos civiles de familia, dando lugar al cambio de custodia de menores que rechazan a uno de sus progenitores, para ponerles precisamente bajo su custodia, y puede ser esgrimido por el ofensor para defenderse del rechazo de sus hijos relacionado con acusaciones de malos tratos y/o abuso sexual, mediante el singular procedimiento de atacar el progenitor rechazado (habitualmente el padre) imputando a quien tiene la guarda y custodia (normalmente la madre) toda responsabilidad por el rechazo de su descendencia o de parte de ella, convirtiéndose dicha imputación por arte de birlibirloque, pues ninguna disposición legal la autoriza, en una presunción (además como si fuese iuris et de iure, sin admitir prueba en contrario) de manipulación, lavado de cerebro del menor y alienación del progenitor rechazado por obra del otro progenitor, cuando se emite un informe psicológico elaborado bajo influencia de esta teoría.

Esta es una presunción diabólica, ya que cualquier argumento o prueba de las razones del rechazo esgrimido por los o las menores, o por sus madres u otras personas allegadas intentando protegerles, no será creído y se interpretará como síntoma de la manipulación. Es decir, el SAP es una «teoría» que se construye de modo que no pueda ser refutada. Todo ello al tiempo que se obvia por completo y no se investiga, pues ya se ha explicado mediante la propia teoría, cuáles son las razones que llevan al o la menor a rechazar al progenitor presuntamente alienado, y se evita analizar el papel que este último —que es considerado víctima del alienador, por definición— juega en el conflicto. Hemos de preguntarnos dónde queda el famoso «interés del menor», en el que los tribunales deben basar sus resoluciones, cuando en nombre de un supuesto síndrome no reconocido como tal por la comunidad científica el menor es sistemáticamente descreído, se acuerdan cambios de guarda y custodia.

En el país del que es originario el invento, Estados Unidos, niños y niñas víctimas del constructo del SAP, una vez cumplida la mayoría de edad, se han organizado para denunciar esta situación y dar testimonio público para intentar ayudar a menores que están sufriendo todavía hoy las consecuencias del «tratamiento» de este supuesto síndrome. Al respecto, resulta ilustrativo un documental titulado Rompiendo el silencio (Breaking the silence), en el que se recogen testimonios escalofriantes sobre situaciones reales. En dicho documental (subtitulado al castellano por la asociación madrileña Crecer Sin Violencia) las víctimas, una vez alcanzada la mayoría de edad, expresan los sentimientos de miedo, desamparo, impotencia, etcétera, que han sufrido al no poder comprender cómo nadie les escuchaba ni les protegía ante situaciones como las que estaban padeciendo, de abuso y/o maltrato y separación de la única figura de apego y referencia que les creía y podía protegerles. Es importante destacar que pese a los reiterados intentos de grupos de presión, el SAP ha sido nuevamente rechazado por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría en la 5ª edición de su Manual Diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales por su falta de cientificidad.

Del libro Escuchar a las víctimas. Victimología, Derecho Victimal y Atención a las Víctimas, Valencia 2015, págs. 426-429, (allí se encuentran referencias); libro basado en una investigación feminista, tesis doctoral de la autora, realizada, por cierto, sin beca ni contrato de ningún tipo. El SAP «inventado por Richard Gardner, individuo defensor de la pedofilia, que autoeditó todos sus escritos, pues ninguna publicación científica los admitió es, en definitiva, un interesado constructo acientífico, paradigma de ciencia blanda o ciencia basura, un perverso mecanismo para silenciar a las víctimas —mujeres, niñas y niños víctimas de violencia física, psíquica o sexual, y económica—, mantener el control sobre ellas y para neutralizar cualquier intento de defensa frente al victimario. Esta perversión está siendo apoyada con dinero público y difundida por instituciones que deberían proteger a las víctimas y facilitar su escucha, en lugar de callarlas».

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